Archivo de la categoría: Tecnología

¿Cómo utilizan los políticos las Redes Sociales para manipular a las masas?

La pregunta sobre si los políticos tratan de manipular a las masas tiene una respuesta obvia. La cuestión es si en la era de las Redes Sociales, éstas son la herramienta idónea de la que se sirven para conseguir más fácilmente su objetivo. Este artículo pretende abrir en nuestro presente una ventana al futuro para analizar con ustedes hasta dónde nos puede llevar la ecuación de Redes Sociales más política.

Para este pequeño y visionario viaje en el tiempo, además otro de nuestros habituales análisis, les traemos una interesante entrevista con Francisco Roldán, consultor político y presidente de la Asociación Española de Consultores Políticos (AESCOP). Espero que el artículo de hoy no sólo les resulte interesante, sino que además les ayude a abrir en sus mentes nuevas preguntas que hasta ahora no se habían planteado, y de cuya respuesta dada por cada uno de ustedes depende el futuro del sistema político en el que deberemos vivir todos.

Facebook experimenta con sus usuarios

Facebook realizó experimentos no consentidos con las cuentas de casi 700.000 usuarios de habla inglesa según pueden leer en esta noticia. Los experimentos no tenían demasiada complejidad, limitándose a testear el nivel de interacción y uso que se hacía de Facebook, tratando de relacionarlo con si los usuarios leían de sus amigos comentarios positivos en un primer grupo, o bien negativos un segundo grupo de usuarios. La red social argumentó que es legítimo tratar de recabar información para su negocio sobre cómo fidelizar y aumentar el uso de sus servicios, y que este tipo de tests, conocidos habituales del sector y denominados “A/B testing”, los realizan otras muchas webs, que necesitan averiguar cuál es la forma más beneficiosa de presentar sus contenidos y así fidelizar a su base de usuarios. Por otro lado, desde diversos ámbitos se quejaron de que estos experimentos sientan un peligroso precedente que discrimina a unos usuarios frente a otros, cuando todo algoritmo debería estar concebido para ser igualitario y promover la cyber-igualdad en el trato que les da a todos sus usuarios.

Sin tomar parte por ninguno de estos dos argumentos contrapuestos, abordemos de lleno el tema de los experimentos sociales, que es uno de los objetos de nuestro análisis. Ya les analicé hace tiempo en el post “La profecía de George Orwell o El 1984 de las Redes Sociales” que las Redes Sociales pueden facilitar enormemente la vigilancia intensiva y el seguimiento de los ciudadanos. Con la llegada de las Redes Sociales, la información es mucho más profusa y detallada, podemos saber la reacción de muchos usuarios ante cada noticia o comentario, y, lo que resulta más inquietante, sus tendencias quedan totalmente registradas. Tengan en cuenta que en el mundo de hoy en día, lo único que pueden mantener ustedes como privado es lo que no tecleen.

  • Las Redes Sociales son el punto donde confluye la intención de los políticos de manipular a las masas con el acceso directo y barato a la población

    Resulta obvio decir que los políticos siempre sienten la necesidad de incluir en sus ecuaciones la psicología social y la psicología de masas. Los experimentos sociales, según cuál sea el objetivo de cada investigador, abren nuevas vías para aprender a manipular masivamente a los ciudadanos, y además lo hacen de forma gratuita con la información que esos mismos ciudadanos aportan voluntariamente a sus perfiles online. Al final nuestro voto está en riesgo de depender de la forma en que estén codificados los algoritmos sociales que nos muestran unas noticias u otras tomando como base nuestro perfil y cómo se nos segmenta. Delante de ustedes tienen ni más ni menos una nueva era que se apoya en la ingeniería social, y que podríamos denominar la Era del Gobierno del Software.

    Un experimento por el que perfiles fake de Twitter alcanzaron relevancia social con tuits sintéticos

    Por si lo que hemos analizado hasta ahora les parece poco inquietante, lean este otro artículo sobre “Cómo los bots sociales se han infiltrado en Twitter”. La noticia en cuestión trata del experimento que realizó una universidad brasileña creando en Twitter varios bots con los que publicaban tuits sintéticos, a la vez que se iban haciendo seguidores de otros usuarios de la red social. Lo novedoso de los resultados que arrojó este experimento es el hecho de que muchos usuarios reales se hicieron seguidores de esos bots, con el resultado de que los bots adquirieron una relevante capacidad influencia sobre personas de carne y hueso. El índice Klout (uno de los estándares que ponderan la capacidad de influencia de los usuarios) que consiguieron los bots sobrepasó en varios casos incluso el Klout de académicos con reputación en los asuntos a los que se referían los tuits sintéticos que publicaron los bots.

    Recuerden lo que antes analizábamos los experimentos sociales y la potencial capacidad de influencia sobre los ciudadanos que nos da la información de sus resultados. Con este nuevo experimento, ahora añadimos que no sólo nos pueden influir personas y medios, sino que nuestros influencers podrían ser programas informáticos. Aquí tenemos un potencial mando de control remoto que, en vez de accionar la puerta del garaje, abriría o cerraría nuestras mentes ante ciertas ideas, con el peligro de que esto suceda a conveniencia del que pague o dirija al programador en cuestión. Ello quiere decir que las Redes Sociales son tan sólo “potencialmente” peligrosas. No debemos olvidar que son unas herramientas extraordinarias si se utilizan adecuadamente, pero deben usarse con responsabilidad: de nada sirve que España tenga una de las legislaciones más duras del mundo en cuanto a privacidad se refiere, si luego va usted y por ejemplo comparte públicamente a quién ha votado.

    Y ahora les transcribo la entrevista que les he prometido. Sin más dilación, les presento a Francisco Roldán que, como les decía, es consultor político y presidente de la Asociación Española de Consultores Políticos (AESCOP): 

    DerBlaueMond: Hasta hace unos años, los medios se basaban meramente en una difusión en la que el ciudadano en general recibía pasivamente información, pero con las Redes Sociales ahora muchos ciudadanos se vuelven militantes y se vuelven una parte activa de las campañas electorales. ¿Los partidos políticos han adaptado el contenido y el formato de sus acciones a esta nueva realidad?



    FranciscoRoldán: No tiene sentido es que unos y otros se acusen mutuamente de hacer marketing político cuando la realidad es que todos lo hacen. Las Redes Sociales en este sentido son una herramienta básica hoy en día, aunque sigo pensando que la televisión es el medio por excelencia en este momento, pero evidentemente algún día Internet y las Redes Sociales serán la principal herramienta que se utilizará, y que no olvidemos: se está utilizando ya a día de hoy. Un buen ejemplo que demuestra este punto es el presidente estadounidense Obama.

    Hace ocho años la campaña electoral de Obama representó la primera ocasión en la que se utilizaron las Redes Sociales masivamente, y uno de los éxitos que tuvo fue precisamente ése: llegar a millones de hogares de una forma fácil, persuasiva, y muy barata. Sus videos se hicieron virales en cuestión de segundos, y pudieron hacer llegar su mensaje intacto a los votantes. El truco está siempre en lo mismo: en hacer llegar el mensaje entre el emisor y el receptor en perfectas condiciones; cuantas menos distorsiones haya, mejor, y las Redes Sociales son una herramienta fabulosa para ese propósito.

    • Ahora los partidos ya sólo dan mítines en aquellos lugares donde flaquean en intención de voto

      Y no te engañes, los ciudadanos estamos manipulados todos. Los líderes políticos ya no visitan ciudades y pueblos por toda la geografía española como en la época de Felipe González, ahora para las campañas se utilizan ya las nuevas herramientas y se acude a dar mítines sólo a aquellos lugares donde se flaquea más en intención de voto. Este punto da una idea muy clara de la situación respecto a tu pregunta.

      La información y las campañas políticas se han socializado con las Redes Sociales, pero claro, está el peligro de que entonces ahora la gente también puede opinar y escribir de cosas sobre las que no está lo suficientemente informada para argumentar correctamente en un determinado tema. Es como la Wikipedia, que todos pueden escribir en ella, pero no es 100% fiable porque todo el mundo que la escribe no contrasta científicamente lo que escribe. Evidentemente todo el mundo tiene derecho a opinar sobre política, y se puede hacer, pero la calidad de los comentarios y opiniones puede variar notablemente de un tema a otro, y de un usuario a otro.

      DBM: En la política ha pasado un poco como en el mundo de la tecnología y en la economía en general: han irrumpido con fuerza en el panorama nuevos partidos innovadores en Redes Sociales al estilo de lo que ha ocurrido en muchos sectores económicos con las startups. De la misma manera, estos nuevos partidos se caracterizan por manejar con destreza las nuevas herramientas sociales. ¿Los partidos tradicionales pueden estar seriamente amenazados por esos nuevos jugadores al igual que le ha pasado a Microsoft con Linux? ¿Es otro caso de reinventarse o morir?



      FR: Los partidos políticos al uso, por no decir los de la casta porque ya lo son todos, hasta ahora no tenían competencia, y ahí han surgido los partidos emergentes que se han aprovechado de la potencia de las nuevas herramientas y de un hecho clave que os citaba antes: socializar es muy barato, mucho más barato que insertar anuncios en televisión donde, además de ser caro, está todo muy controlado.

      Los ciudadanos queremos soluciones a nuestros problemas e inquietudes: el trabajo, la crisis… y ningún partido me está dando soluciones para eso. Estamos hartos de ver cómo los políticos, en vez de hacer campaña de forma didáctica, dando lecciones de democracia y juego limpio a los ciudadanos, lo único que hacen es malinterpretar al oponente con juego sucio, y me da igual que sea PP, PSOE, Ciudadanos o Unidos-Podemos. Yo sin embargo soy partidario de que los políticos den soluciones a los problemas de la ciudadanía y en todo caso usen la propaganda blanca: propaganda pero basada en el juego limpio, y no es precisamente lo que veo en todos nuestros políticos, que simplemente se acusan unos a otros y tratan de descalificar al oponente pintándolo de ser el más malo. Y esto ocurre igualmente en las Redes Sociales.

      • Los partidos emergentes usan más las Redes Sociales porque sus votantes son más jóvenes

        El tema no es que los nuevos partidos hayan abrazado las Redes Sociales con cierta exclusividad. Yo llevo a mis espaldas 50 campañas, he estado en internet desde principios de los noventa, y puedo decirte que tanto con PP como con PSOE hemos utilizado siempre las Redes Sociales. Yo he estado por ejemplo cerca de Podemos, y he visto cómo los seguidores de Podemos o Ciudadanos están más presentes en las Redes Sociales, y esto tiene que ver con la edad media que tienen. Dado que sus votantes se han hecho adultos ya con internet, estos partidos han tenido que volcarse en las Redes Sociales simplemente para llegar a su base de votantes.

        DBM: Las Redes Sociales son una herramienta excepcional para informar, pero al mismo tiempo, y por los mismos motivos, son una herramienta con mucha potencia para desinformar. Es un hecho que, lo que a priori supone que estemos en la era de la democratización de la información, acaba en demasiados casos imponiendo el escenario contrario: los usuarios de las Redes Sociales acaban cautivos por una endogamia ideológica por la que sólo se relacionan con gente afín y rechazan frontalmente el contrastar puntos de vista y el diálogo constructivo con pensamientos diferentes. ¿Se aprovechan los políticos de este fenómeno? ¿Hacen uso del clásico “difama que algo queda”? ¿Hay partidos que componen mensajes sociales anónimos difamando conscientemente al oponente político? ¿Se han transformado las Redes Sociales en un nuevo campo de batalla virtual, en vez de un espacio abierto al diálogo y útil para informarse de forma plural?

        FR: Es la propaganda negra: tú desvirtúas a tu rival con un meme o un tuit falso, sin que sepa ni de dónde le viene. No es que suponga que los partidos mandan informaciones falsas, directamente te confirmo que lo hacen: es la desinformación, una de las reglas básicas de la propaganda. Yo no soy partidario de eso, pero la realidad es que lo malo tiene siempre más éxito que lo bueno. Las Redes Sociales están planteadas de tal manera que son el soporte ideal para este tipo de mensajes con los que mucha gente simplemente piensa el clásico “Cuando el rio suena, agua lleva”. Y sí, las Redes Sociales son un campo de batalla, de manipulación y de persuasión. No es una creencia mía, es que lo puedo confirmar con total seguridad.

        • Las Redes Sociales también permiten a los usuarios una herramienta para interpretar la información

        La manipulación a través de las Redes Sociales es algo muy fácil. Ahora bien, también te digo eso, lo que me estás diciendo, que las Redes Sociales, al mismo tiempo, al que está interesado, le permiten tener acceso a toda la información, y le dan herramientas para interpretar correctamente esas informaciones que le llegan. La gente debe ser consciente de que lo que el que está argumentando no tiene por qué llevar la razón, y puede que además sea consciente de que ni siquiera está diciendo la verdad.

        DBM: ¿No ve usted en las Redes Sociales un efecto Boomerang por el que lo inabarcable de la ingente cantidad de información disponible ha causado el efecto contrario, y la gente es abducida por cómo le venden la información, o se auto-abduce en círculos ideológicamente muy próximos a ellos y ellas mismas, porque necesitan sumergirse en un entorno más predecible y controlado? Así como hay algunos que se esfuerzan por contrastar las informaciones e ideas, y se informan de forma plural, hay una mayoría que parece no querer hacerlo y que incluso admiten abiertamente que no salen de ciertos círculos informativos, a pesar de que hoy en día todo está tan sólo a un click de distancia. ¿Se aprovechan los partidos de este efecto para tratar de lograr que sus votantes les voten ciega y pasionalmente, en vez de con juicio crítico?
        FR: Llevas toda la razón, pero ése no es el único problema. Lo verdaderamente grave de este asunto es que hoy en día la gente no llega a conocer ni siquiera su propia ideología. Es un tema que yo a veces les planteo a mis alumnos en los cursos que he impartido en alguna universidad. Tú que eres proclive ante éstas o aquellas ideas, ¿Sabes realmente lo que significa el comunismo, o sabes lo que significa realmente una ideología de derechas? Lo he preguntado incluso en seminarios que he impartido a partidos políticos, y me he encontrado con que muchas veces no saben contestarte.

        En Alemania, donde por su pasado han acabado teniendo una cultura democrática muy importante desde hace ya bastantes décadas, lo que ocurre en el seno de una familia es que puede ser, por ejemplo, que el padre sea de derechas, la madre de centro, y los hijos ecologistas (es un mero ejemplo). Pues cuando llega una campaña electoral, coge la familia y se juntan las tres ideologías y cada uno defiende su postura. Y cada uno vota libremente lo que le da la gana, pero toda la familia sabe lo que votan los demás, y cuál es la ideología que subyace bajo sus argumentos y su forma de pensar. Esto creo que difiere mucho de cómo son las cosas en España. Y este ejemplo tan simple, explica muchas cosas como tu pregunta, y lo que dices que vemos cada día tanto en las Redes Sociales como 

        La endogamia ideológica que nombrabas antes es algo que ya estaba latente en la sociedad española, y que ahora ha encontrado un vehículo en las plataformas sociales. Las Redes Sociales son una herramienta fácil, barata, y que te permite llegar a tu objetivo directamente, no tiene ningún misterio adicional frente a las demás herramientas de propaganda y manipulación, aunque tienen sus peculiaridades. Lo que pasa es que, por ejemplo por hablar de lo que ha venido ocurriendo hasta ahora, PP y PSOE cada uno tiene unos cinco o seis millones de votos que son estómagos agradecidos. No es que no piensen o que les secuestren ideológicamente, es más que eso: es que les dan de comer. Es un secuestro estomacal. Cuando hablamos de manipulación, también en las Redes Sociales, el objetivo es que tú a los tuyos los tienes que conservar, o dándoles de comer o haciéndoles ver que no tienen otra opción de voto.

        DBM: Yo observo tanto en el votante español como en el ciudadano en general de este país una radicalización en las tesis propias. Sea cual fuere la ideología de las personas, la gente está tendiendo a cerrarse no sólo a aceptar otras ideas, sino siquiera a escucharlas, e incluso reaccionan violentamente ante ellas. Tal vez a esto haya contribuido el fenómeno anterior de la endogamia ideológica, pero ¿Crees que hay otros factores a los que puede deberse esto?

        • La radicalización de la sociedad no es un fenómeno meramente español

        FR: Pues es un fenómeno que está efectivamente ocurriendo, pero no ocurre sólo en España. Ahí tienes los sucesos que ha habido en torno a la Eurocopa, que nunca antes ha habido esta violencia a estos niveles alrededor de esta competición. La gente está perdiendo el respeto por los demás, dentro y fuera de las Redes Sociales. Cada uno tiende a radicalizar su opinión, pero la política seguramente va por otro camino. Yo estoy bastante desilusionado con la política actual, porque es lo que debe cambiar. Estamos viendo partidos basados en tesis de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, y sin embargo no nos damos cuenta de que ahora mismo estamos en un momento histórico en el que las Redes Sociales están siendo algo tan importante como probablemente fue la rueda en su momento.

        Nuestra sociedad está cambiando, evidentemente está buscando otras fórmulas, y esa socialización de nuestras vidas, la inmediatez de las noticias, el que cualquiera pueda opinar impetuosamente en cualquier momento, etc. parecen indicar que también vamos a asistir a un cambio en los partidos políticos. Ya no es tan fácil que engañen a alguien; a los convencidos sí, pero cada vez lo tienen más difícil con los que usan las ventajas positivas y constructivas de las Redes Sociales. Esto va a ocurrir con los partidos de la casta y la no casta o como los quieras llamar, porque en realidad en nuestros círculos nosotros ya hablábamos de la casta hace cuatro o cinco años. A mí me ha encantado la irrupción en escena de Podemos y Ciudadanos, porque sociológicamente están ocurriendo cosas nuevas respecto a lo que ocurría hasta ahora. Quizás la radicalización es uno de los puntos negativo. 

        DBM: ¿Tú crees que las Redes Sociales han favorecido esta radicalización? Porque si algo permiten es que ideologías o corrientes de opinión en las que antes su partidarios estaban más o menos aislados, ahora puedan estar uno en La Coruña y otro en Murcia y estar en permanente contacto, autoalimentándose en un estrecha tela de araña ideológica de la que es difícil escapar. Así forman masa crítica, crean el germen de nuevas corrientes ideológicas, y luego, lógicamente, usan las mismas Redes Sociales para intentar expandir sus ideas. Los radicales se radicalizan más fácilmente y con mayor intensidad cuando están en contacto entre sí y se propagan con facilidad.


        • Más importante que el anonimato en las Redes Sociales es la impunidad

        FR: Yo tenía un blog en El País, y puedo decirte que a veces me llegaban mensajes tremendos, poco menos que amenazándome de muerte. La radicalización es más fácil cuando te crees que estás actuando de manera anónima, y el problema de las Redes Sociales es que ciertas personas creen que les otorgan el anonimato, con lo que la gente se permite el lujo de ser más radical que en la calle. En realidad la radicalización es una tendencia natural en ciertos indviduos, y las Redes Sociales sólo son un caldo de cultivo para desarrollar lo que llevan dentro. Y ya no es sólo el anonimato, casi es más importante la impunidad, porque si te dicen idiota a la cara saben que se pueden llevar un tortazo, pero esto no ocurre si lo hacen en una plataforma social. Además, en un cara a cara, cuando das tu opinión, casi inevitablemente estás obligado a escuchar al otro y razonar. En las Redes Sociales esto no ocurre; la gente dice lo que le da la gana, y luego desconecta.

        DBM: Como igual sabes, hay un estudio de una universidad brasileña que creó bots en Twitter que acabaron teniendo amplia relevancia social, y estos bots propagaban tuits sintéticos que podrían crear corrientes de opinión entre sus seguidores, algunos de los cuales llegaron a ser incluso personas de relevancia en el mundo académico. ¿Crees que algún día podemos ver cómo se maneja a las masas y se crean corrientes de opinión con un simple click de ratón? Sería un concepto de la sociedad como servicio, habría proveedores que ofrecerían efectos sociales en una carta menú. Es hacer de la sociedad una commodity que puedes vender y comprar.



        FR: Ahí hemos pasado a hablar del tema del Gran Hermano, y ¿Por qué no puede llegar a ocurrir? No te digo que no, que con las nuevas plataformas uno pueda manipular a las personas cuando quiera y como quiera. El tema es el poder, sea de la naturaleza que sea, es algo intrínseco al ser humano. Y aquí la cuestión es el poder por el poder, que además es patológico, es decir, el que lo tiene se vuelve “tarumba” por decirlo de alguna manera. La manipulación es una consecuencia de esto, y ha ocurrido siempre desde que el ser humano vive en sociedad. Yo recuerdo un libro que hablaba de cómo el hermano del senador romano Cicerón, en el año 300a.C., le escribía a su hermano sobre lo que tenía que hacer para llegar a ser senador en lo que puede ser considerado uno de los tratados más antiguos sobre la manipulación política.

        • Casi todos los partidos aplican los principios de la propaganda que se definieron en el periodo de entreguerras a mediados del siglo XX

        Que las Redes Sociales facilitan este tipo de acciones: totalmente cierto. Que algún día con ellas alguien puede mover a las masas y su opinión a golpe de click: pues también. Es un peligro, pero es como todo, si vas en un Ferrari a 300kmh pues tienes más riesgo de sufrir un accidente que si vas a 60kmh. No hay que olvidar que Goebbels fue el padre de la propaganda política, lo que pasa es que no se le reconoce porque fue nazi. Te puedes hacer una idea de la capacidad manipuladora que tenía Goebbels porque, antes de que estallase la guerra, los medios ingleses hablaban bien del nacionalsocialismo, lo que pasa es que luego como nazi fue un criminal. 

        Te puedo asegurar al 100% que muchos políticos confeccionan sus campañas políticas basándose en el manual de Goebbels. Goebbels y Maquiavelo, de haber estado en nuestra época, literalmente habrían darían palmas con las orejas con el poder de las Redes Sociales. Estamos en una nueva era a todos los niveles, y es pura filosofía, no sabemos a dónde nos puede llevar todo esto, y es cierto que puede suponer un gran peligro. Ya veremos en el futuro cómo se legisla para evitar estos peligros, pero lo que podemos decir ahora mismo es que, para asegurar la igualdad, la socialización debe ser accesible a todos los ciudadanos, y cuanto más barata sea mejor.

        DBM: ¿Crees que las Redes Sociales traerán la democracia participativa? ¿Consideras un sistema así viable y piensas que los políticos cederán parcelas de poder de decisión a los ciudadanos?
        FR: Todos los partidos tienen una estructura vertical, y el que no la tiene, la acaba teniendo. Al final todos se convierten en lo mismo. Podemos empezó muy bien con la democracia participativa, pero luego, cuando tuvieron que tomar decisiones importantes, no se hizo caso a los afiliados y las decisiones vinieron directamente desde Madrid. Las Redes Sociales hacen la democracia participativa viable, pero el tema de todos los partidos es que una cosa es lo que vamos a hacer, y otra más importante es que sólo algunos sabemos lo que verdaderamente vamos a hacer: es lo propio de las estructuras verticales. Y la democracia participativa es lo ideal, que no des tu voto a un determinado candidato y ya haga lo que le interese.

        Para no limitar la democracia participativa, deberían además existir listas abiertas como casi ocurre en las votaciones al Senado. Además, no todo el mundo está preparado para votar todo, ni hay por qué llevarla al extremo. Porque te hagas una idea, por ejemplo en Suiza, la democracia más participativa del mundo, todos los ciudadanos votaron una ley que se aprobó, pero, cuando se aplicó la ley, el resultado no gustó a los propios votantes que votaron para aprobarla, y el propio pueblo pidió revocar la ley. Esa participación es bonita, pero es muy difícil llevarla a cabo, porque la gente no está preparada para votar todo: para empezar muchas veces no tienen ni siquiera la información suficiente. Tenemos aún que aprender mucho sobre la democracia participativa.

        Imágenes | Pixabay geralt

        La igualdad de oportunidades traída por la tecnología o Cómo los APIs públicos incrementan el fair play en Internet

        Hoy les traigo un tema interesante por el impacto tan relevante que está teniendo ya a día de hoy en nuestro panorama tecnológico, así como por sus importantes implicaciones socioeconómicas. La mayoría de los ciudadanos ya se han acostumbrado a no despreciar ni un ápice las posibles influencias que los nuevos avances tecnológicos pueden traer a sus vidas. Los smartphones y los ecosistemas de aplicaciones han cambiado el día a día de mucha gente, y es ya una especie de cultura básica el saber utilizar nuestros teléfonos inteligentes y algunas aplicaciones clave.

        No teman, si bien el tema de hoy tiene una base evidentemente técnica, ya saben que acostumbro a explicar de forma muy clara y sencilla las bases tecnológicas de los avances que les explico, para alcanzar al final unas conclusiones generales sobre su impacto en nuestras socioeconomías y en nuestra forma de vida.

        Empecemos por explicar brevemente el concepto de API. Un API (o “Application Program Interface” según sus siglas en inglés), se podría definir como un conjunto de programas informáticos que permiten acceder de una forma determinada y estándar a la funcionalidad que da un programa de mayor dimensión. Es decir, por ejemplo, cojamos su cuenta de Facebook. Todo lo que usted publica o escribe en Facebook va a sus servidores en internet, y para acceder a esos servidores usted puede usar o bien la aplicación oficial de Facebook, o bien cualquier otra aplicación de otro programador que la haya hecho para venderla en Google Play o la AppStore. ¿Cómo sabe esa aplicación de terceros acceder a su información que está en los servidores de Facebook? Muy sencillo, con un API publicado por Facebook que describe qué y cómo preguntar por información a sus servidores. De esta manera, cualquier desarrollador que esté interesado en ello puede crear su propio programa para acceder a Facebook, y por ejemplo presentarle a usted un albúm de cumpleaños con todas las fotos suyas que sus amigos han cargado en Facebook este año.

        Bien, a estas alturas ya tienen el concepto de API. Vayamos un poco más allá. El caso de Facebook es sencillo, pero ¿Qué me dicen por ejemplo de una aplicación de planificación de viajes que acceda a los servidores de Renfe para ofrecerle un viaje hecho a medida que incluya unos billetes de AVE con su correspondiente precio y disponibilidad? Ufffff, el tema se complica, puesto que pasamos a hablar de información crítica de una compañía, que necesita proteger porque es esencial para su operativa diaria, por no hablar ya de su carácter estratégico. Pero es cierto que cada vez más el mercado está demandando aplicaciones como la que les describo. Es más, Renfe en este caso podría aprovecharse de la “Comunidad” de desarrolladores que hacen por su cuenta una aplicación que le va a reportar ventas por la módica cantidad de 0€. Obviamente, esos desarrolladores querrán vender su aplicación en Google Play o la AppStore, o tal vez la aplicación sea gratuita y funcionen sólo por comisión sobre venta.

        Ambas opciones suponen un nuevo modelo de negocio con claras ventajas para Renfe, pero el tema que quería abordar hoy con ustedes al respecto es más profundo. Aquel concepto de “Comunidad” difusa que nadie comprendía muy bien pero que ha llegado a producir excelentes sistemas operativos como Linux que se están comiendo el mercado, adopta ahora otro cariz. Ahora la comunidad no sólo acomete proyectos generalistas de informática, sino que una especie de comunidad formada por los desarrolladores presentes en los ecosistemas de aplicaciones, es capaz de hacerle a usted sin ningún coste de entrada una aplicación. La importante derivada de esto es el principal tema de este post: para ello usted debe darle con un API acceso a cierta parte de su información más preciada. El acceso a la información que a priori era impensable que les empresas permitiesen hace tan sólo unos años, ahora se vuelve estratégico para las compañías, y son ellas mismas las que publican APIs para facilitar a terceros el acceso a sus sistemas.

        Obviamente, la seguridad es un tema clave. Hay que dotarse de una infraestructura que permita compartir de forma segura sólo aquella información que se desea hacer pública. Además hay que tener un especial cuidado con los accesos que sin duda los hackers intentarán hacer a nuestros sistemas, puesto que con unas APIs mal diseñadas serán capaces de entrar en nuestros servidores informáticos hasta la cocina, y hacerse con preciada información, o bien provocarnos un desastre. Con este fin hay en el mercado diversas plataformas de gestión de APIs, dicho sea de paso.

        Otra consecuencia muy importante es que este nuevo paradigma socioeconómico supone una mejora del fair play dentro del sector de la tecnología: cualquiera con ideas, ganas, tiempo y recursos puede desarrollar una aplicación para vender billetes de Renfe o de productos y servicios de cualquier otra compañía. Sin duda un nuevo aspecto del progreso en la igualdad de oportunidades que son una de las bases esenciales de las sociedades occidentales.

        Pero el trasfondo de este tema es que la economía y la socioeconomía han dado un giro radical respecto a la custodia y compartición de la información empresarial y el acceso a sus servidores. Han pasado de una posición claramente defensiva y cuasi-paranoica, a una mentalidad abierta en la cual ceden parte del núcleo de su negocio a cambio de un potencial beneficio. Podríamos acuñar esto como una democratización de la información de las empresas. Una política de claro y trasgresor aperturismo informático que reporta claras ventajas para consumidores, para la comunidad de desarrolladores y para las propias empresas. Un claro ejemplo de win-win a tres bandas, que supone un progreso socioeconómico real para nuestras sociedades, no sólo por el impacto en el corto plazo de la gran utilidad para todas las partes de las nuevas aplicaciones que se están desarrollando con las APIs, sino también por el gran progreso a largo plazo que suponen estos cambios de paradigma empresarial y socioeconómico que estructuran el tejido social y productivo de las sociedades que lo adoptan. El factor desencadenante es tener más beneficios. La consecuencia a largo plazo es hacernos lograr el progreso socioeconómico. Como muchas otras veces, la disyuntiva que algunos plantean de “dinero o socioeconomía” se resuelve en este caso serializando en una secuencia temporal de “primero se intenta generar más dinero, y en ése intento se acaba haciendo progresar la socioeconomía”. No siempre ocurre de esta manera, pero al menos, cuando tengamos claro que va a ser así, no seamos ni reaccionarios ni tímidos en adoptar unos cambios que nos acaban haciendo progresar como sociedad.

        El impacto del pánico colectivo sobre el progreso o El lógico miedo ante lo desconocido

        Hace algún tiempo leí un extracto de prensa de finales del siglo XIX en el cual el autor reflejaba la preocupación existente en la época por las velocidades alcanzadas por el entonces revolucionario ferrocarril. Más concretamente, la sociedad se preguntaba por los efectos sobre la salud de viajar a una velocidad tan desorbitada como los 60Kmh alcanzados en la época, pues en muchos círculos se pensaba que a largo plazo era perjudicial para el cuerpo humano.

        Obviamente, el discurrir de los años y el progreso han demostrado que aquellos miedos eran totalmente infundados, y hoy en día viajamos a velocidades muy superiores sin efectos nocivos para la salud. Pero no es este hecho concreto en el que me quiero detener para reflexionar con ustedes. Lo que nos interesa de este tema es cómo el miedo ante lo desconocido puede frenar el progreso, o, si se mira desde el otro punto de vista, cómo un supuesto avance puede desencadenar un cataclismo socio-sanitario en el planeta.

        Para empezar, es justo decir que el miedo es humano y… necesario para nuestra supervivencia, puesto que implica precaución, lo cual permite anticiparse a futuros problemas. Pero, ¿Hasta qué punto en estos temas nos estamos preocupando por algo real, o estamos frenando el progreso humano con miedos vanos e infundados?. Cada tema en el que se nos plantea este tipo de disyuntiva es total y técnicamente distinto, por lo que es imposible generalizar. Pero es cierto que lo desconocido es imprevisible por nuestra propia ignorancia en el tema, con lo que lo menos que podemos hacer es poner las tecnologías en cuarentena gradual y controlada, hasta que el paso de los años vaya demostrando si verdaderamente son inocuas. El problema es que, cuando hay negocio detrás, este “gradual y controlada” puede pasar a obedecer más a necesidades de mercado que a prudencia y reglamentación sanitaria.

        Con la evolución exponencial de la tecnología que se da en nuestros días, tenemos diversos campos y ejemplos en los que nos enfrentamos a estos problemas. Por la generalización de las comunicaciones móviles, tal vez el más mediático de ellos sea el de cómo las radiaciones electromagnéticas pueden afectar a la salud. Algo que no está demostrado que sea perjudicial… pero que tampoco está demostrado que sea inocuo.

        Otro campo de ignorancia en el que la evolución la tecnología es superior al de nuestros conocimientos sobre su impacto en la salud, es el del modo de vida del siglo XXI. La masiva disponibilidad de información, así como su inmediatez, se traducen en una sobre-estimulación sensorial y de actividad cerebral que no se ha dado nunca antes en la historia de la humanidad. Ya no hay esperas mirando el techo, ya no hay ratos de aburrimiento, casi todo es híper-conexión y permanente actividad mental, bien sea leyendo, bien sea escribiendo. Los niños tampoco están a salvo de esta tendencia, puesto que, aunque su grado de contacto con la tecnología suela ser inferior al que tienen los adultos, hay una tendencia generalizada a sobre-estimularlos permanentemente con actividades que, si bien en cierta medida pueden ser beneficiosas, llevadas a los niveles habituales de hoy en día algunos opinan que pueden ser causa de diversas anomalías de comportamiento, que muchas veces no veremos hasta que sean mayores dentro de unos años.

        Un último avance en torno al cual se está creando cierto pánico colectivo es el que se refiere a las pantallas retroiluminadas y sus efectos sobre la visión. Las pantallas LCD emiten mucha más luz de onda corta que la existente en nuestro entorno natural. Es por ello por lo que ciertos sectores están alertando de los efectos a largo plazo sobre la visión que puede provocar leer en las pantallas de smartphones, tablets y pantallas planas. De nuevo, no sabemos a ciencia cierta qué es real y qué infundado, pero hay gente que cree que el “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago puede ser más factible de lo que pensamos.

        Me despediré hoy aconsejándoles que, aunque no es cuestión de volverse un Amish, no es conveniente abusar de tecnologías cuyas consecuencias son aún desconocidas a largo plazo. Tal vez en unos años ciertas precauciones les sonarán ridículas, al igual que les parecerá hoy en día la del ferrocarril del siglo XIX que abría este post, pero lo que es seguro es que es preferible pensar que uno se ha pasado de prudente, a pagar unas consecuencias que pueden afectar gravemente a nuestra salud y la de los que nos rodean. No cometan el error de creerse más inteligentes que sus antepasados de hace dos siglos, la genética no avanza tan rápido. Somos igual de inteligentes, tan sólo estamos técnicamente más avanzados. Si ustedes hubiesen nacido hace doscientos años, seguramente tendrían los mismos miedos y se harían las mismas preguntas sobre la velocidad. Y recuerden, por mucha opinión formada que puedan tener sobre un tema, por mucha información que hayan podido leer al respecto, nadie, repito nadie, puede adivinar el futuro. Y ante la incertidumbre, lo mejor es optar por la prudencia en su justa medida.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        Cómo protegerse del pisoteo de su intimidad por el Big Data o La diferencia entre Little Brother y Big Brother

        ¿No han oído ustedes hablar del Big Data?… pues les puedo asegurar que ya pueden sentir sus efectos. En dos palabras se podría resumir como el procesamiento masivo de datos de los ciudadanos. Para que me entiendan, les pondré un ejemplo que está ocurriendo: ¿Su operador le ha felicitado el cumpleaños y usted juraría que nunca le ha proporcionado su fecha de nacimiento? Eso es Big Data: hay operadores que procesan masivamente la cantidad ingente de datos que tienen sobre usted, y por ejemplo dan con el día del año en el que usted recibe más llamadas con lo que, con una probabilidad del noventaytantos por ciento, su sistema de Big Data decide que ése es el día de su cumpleaños.

        ¿Empiezan a preocuparse? Deberían… Pero esto es sólo el comienzo. ¿Saben cómo la policía de Londres averigua en tiempo real con gran precisión en qué barrios está produciéndose un incremento del consumo de estupefacientes para reforzar su vigilancia? Con cierto tipo de Big Data: recolectan y analizan la proporción de componentes prohibidos en las aguas residuales de cada barrio. ¿Se preguntan ustedes cómo su aplicación de mapas puede predecir con tanta exactitud y en tiempo real dónde empieza y dónde acaba el atasco de la operación salida de vacaciones de su ciudad? Se obtiene de los datos de los teléfonos móviles de cientos de usuarios que ignorantes de su contribución llevan el móvil simplemente encendido. Sí, como oyen, simplemente encendido: no hace falta llevar el GPS habilitado. Por triangulación entre varias antenas de telefonía móvil, realizando una simple intersección de círculos de posible ubicación, pueden dar con usted.

        ¿A que ahora ya está bastante preocupado? Pues tampoco esto es lo último que les traigo hoy. ¿Saben que hay empresas occidentales que venden tecnología de monitorización masiva a países donde los derechos humanos brillan por su ausencia? En Occidente últimamente no podemos alardear precisamente de preservar la intimidad de nuestros ciudadanos, pero imagínense a lo que puede llegar la cosa si encima vive usted en un régimen totalitario y represivo, o si… si algún día su país pierde el estatus de país democrático y se vuelve un estado policial.

        La verdad es que las implicaciones de este tipo de procesamiento masivo de datos son potencialmente muy buenas, excelentes diría yo, como en el caso que les citaba anteriormente de la policía londinense. El caso es que, con todo avance, no sólo hay que mirar los posibles beneficios, sino también las potenciales amenazas, y en este caso son muchas y de una proporción que quita el sueño. ¿Cómo solucionar esta ecuación? De alguna manera hay que hacerlo, porque además en países que han perdido sus libertades podrán decirles lo rápido que se establece un régimen de terror ante la pasividad amedrentada de sus ciudadanos… y lo peor es que suele ser un proceso rápido y de una marcha atrás apenas posible, y menos aún con este tipo de tecnología que permitirá localizar fácilmente cualquier atisbo de resistencia para aplastarla.

        ¿Cuál es la solución para equilibrar la balanza de beneficio-amenaza? Un gobierno que haga sus deberes y que regule de forma adecuada el derecho a la intimidad de sus ciudadanos. Y no sólo que lo regule, sino que también obligue a su cumplimiento y que persiga a quien lo quebrante, siempre teniendo en mente un equilibrio razonable entre seguridad nacional y derecho a la intimidad. Es cierto que la Ley de Protección de datos española es una de las más estrictas del mundo, algo por lo que los españoles debemos felicitarnos, y que protege los datos de los ciudadanos desde el mismo momento en que alguien los posee; pero al mismo tiempo se debe observar cómo se vela por su cumplimiento, y que dicha ley no se vuelva en una guadaña selectiva con la que cercenar a quién arbitrariamente se ponga en el camino del poder. Difícil ejercicio, sin duda. Incluso las democracias más evolucionadas necesitan de cierto entrenamiento para refinar sus nuevas leyes y su forma de aplicarlas, y ésta no va a ser una excepción.

        ¿Y qué hacemos mientras tanto? Para un ciudadano sin nada que esconder, en la situación actual, tampoco es cuestión de ponerse en plan Snowden y meter el teléfono todas las noches en la nevera porque es toda metálica y constituye una caja de Faraday (evita que cualquier radiación sea transmitida de forma involuntaria comunicando por ejemplo datos de nuestra ubicación). Obviamente a Snowden esto le hizo falta, a nosotros por ahora creo que no, y espero no estar equivocado. Pero el futuro es impredecible, nunca nunca lo olviden, y no podemos saber a ciencia cierta qué tipo de régimen habrá en nuestro país dentro de unos años. Por ello, aunque sólo sea por proteger su intimidad actual y tal vez su seguridad futura, lo mejor que pueden hacer es albergar la esperanza de que su perfil en internet no llame mucho la atención, para conseguir que sus datos queden escondidos entre los de la masa y sólo sean tratados por algoritmos automáticos para venderle cosas, porque como haya alguien que decida entrar al detalle de forma personalizada, con la tecnología actual, usted está perdido.

        Big Data Brother está siempre vigilante, no falla nunca, y por muy prudentes y conservadores que sean ustedes a la hora de compartir su información en internet, en la sociedad del siglo XXI y de las redes sociales, su información personal escapa a su propio control: usted puede tener mucho cuidado con lo que dice en Facebook o Twitter, pero seguro que tiene algún amigo suyo que no lo haga y publique fotos suyas o comentarios indiscretos. Así que, otro buen consejo que me permito darles es que yo que ustedes fraccionaría mi información entre cuantos más sitios mejor… eso sí, esto puede librarles en cierta medida del poder que los innumerables pequeños hermanos van acumulando sobre usted, pero no les librará de ninguna manera del Big Brother, el gran hermano que tiene el poder y la capacidad de agregar y utilizar toda la información que poseen los distintos pequeños hermanos. Ante eso, sólo les puedo decir que sean conscientes de la importancia de este problema, y que exijan como ciudadanos unas leyes razonables y una escrupulosa observancia de las mismas, porque la alternativa que me puedo imaginar es simplemente como para ni pensar en ella.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        La realidad virtual como método de empatía y solidaridad u Homo Homini Lupus

        ¿Puede la tecnología ayudarnos a ser más empáticos y solidarios con otras personas? Es la intrigante pregunta que trataremos de responder en este post y que se desprende de una reciente investigación realizada por el Laboratorio de Ambientes Virtuales de la Universidad de Barcelona (EventLAB). Dicha investigación se resume en el siguiente artículo “Un laboratorio para probarse cuerpos”.

        Para los que no tengan el tiempo o las ganas de leer la noticia completa, les resumiré el artículo en este párrafo. Hay dos frases que nos interesan especialmente para este post: “El comportamiento de las personas varía en función del avatar de realidad virtual en el que se encarnan”, y “A pesar de que nuestro cuerpo nos parezca que es algo firmemente establecido e inamovible, parece que el cerebro lo está recalibrando casi continuamente y que hay un ‘refresco’ continuo de la representación corporal”. El experimento en cuestión, entre otras cosas, hacía que una persona delgada viese a través de unas gafas de realidad virtual que su cuerpo en realidad tenía barriga, y sorprendentemente la sentía como propia. También se experimentó con avatares de otras razas, y una de las conclusiones fue que encarnarse en un cuerpo de otra raza modifica los prejuicios raciales. Todo se basa en el llamado “Efecto Proteo”, que es la versatilidad de las personas para comportarse de distinta manera en escenarios virtuales en función de los distintos avatares que encarnan; es algo conocido desde hace tiempo en la industria de los videojuegos, que han sido la primera aproximación tecnológica a encarnar otro personaje con ciertas dotes de realismo (con permiso de los actores de cine y teatro).

        Y es momento de ir entrando en la cuestión central de este post. Una vez leídas las conclusiones de estos experimentos, ¿Creen ustedes que la realidad virtual aumentará la empatía y la solidaridad en nuestra sociedad?. Pónganse en situación. Piensen. ¿Acaso no están ustedes más sensibilizados con el maltrato cuando es alguien de sus círculos el o la que lo ha sufrido? ¿Acaso no son más conscientes de la problemática de los síndrome de Down cuando es un amigo o amiga suya la que ha tenido un hijo con este problema? Aunque la realidad virtual no nos permita por ejemplo sentirnos con síndrome de Down, puesto que es algo que trasciende la mera apariencia, éstas son preguntas cuyas respuestas nos van a permitir contestarnos la cuestión que abría este post. Estarán de acuerdo en que, en el fondo, todos somos más proclives a solidarizarnos con alguien cuando nos identificamos con él o ella. Es una forma de egoísmo bastante extendida: muchas veces las personas no estamos demasiado sensibilizadas con problemas o amenazas que no sentimos que nos puedan afectar a nosotros también. Podemos pues afirmar que, a la vista de los resultados del experimento y de las conclusiones anteriores, la realidad virtual sí puede ayudar a hacer a nuestra sociedad más solidaria. Obviamente hablamos de la generalidad pues hay casos y casos, y siempre hay gente que es ya de por sí muy empática y de espíritu solidario por naturaleza, sin necesidad de ninguna realidad virtual.

        No obstante, no lancen las campanas al vuelo todavía. La realidad virtual no es la panacea para esas actitudes insolidarias y censurables que todos hemos visto alguna vez. Igual que hay individuos empáticos y solidarios por naturaleza, también hay individuos tremendamente egoístas por naturaleza, que no se solidarizan con nadie ni por asomo, ni siquiera consigo mismos. ¿Acaso no han visto ustedes a gente que ha estado en una situación problemática (caldo de cultivo propicio para solidarizarse) y cuando a otra persona le pasa lo mismo no se solidariza con ella? ¿No conocen ustedes a personas que un día defienden una idea con uñas y dientes porque es lo que más les interesa en ese momento, y a la semana siguiente pueden defender igual de vehementemente lo contrario porque es lo que les interesa ahora? Y son capaces de hacerlo sin que ni siquiera se les despeine el flequillo. Por eso les digo que hay casos de gente que no se solidariza ni consigo misma: simplemente son egoístas per sé, y no dan más de sí ni son capaces de ponerse en el lugar de los demás. Es más, me atrevería a preguntarles: ¿Acaso no se han sentido ustedes mismos así alguna vez en cierto grado?

        Pero si nos preguntábamos si la realidad virtual es capaz de hacer más solidaria nuestra sociedad en su conjunto, las actitudes de ciertos individuos concretos no son relevantes en el balance global; ahora bien, la siguiente pregunta que debemos plantearnos es: ¿Cuál es la proporción en nuestra sociedad de este tipo de individuos insolidarios y egoístas sin remedio? Y lo que es más importante e inquietante, en unas empresas e instituciones mayormente dirigidas por objetivos con un claro interés particular ¿Es este tipo de personalidades las que la sociedad promociona a puestos de responsabilidad para dirigirnos? ¿O por el contrario las personas que terminan ocupando estos puestos muchas veces se acaban volviendo así porque piensan que es como deben actuar y lo que se espera de ellas? Siento decirles que no tengo una respuesta para estas preguntas, o más bien, sí que la tengo, pero es una percepción tan personal que tiene exactamente el mismo peso que las respuestas que puedan darse ustedes a sí mismos. Por ello, una vez más, a su conciencia me remito. Homo homini lupus: algunos son ovejas, y otros auténticos lobos. ¿Es más grande el rebaño, o la manada? A veces uno se siente tentado a pensar que es mejor que el casi siempre impredecible futuro no les llegue a quitar la piel de cordero a los lobos camuflados. Es muy probable que sean muchos más de los que a priori cabría pensar. Pero, por si acaso una volada de viento deja los lobeznos lomos al descubierto, mi mejor consejo es que, en su día a día, escuchen discretamente si los individuos que les rodean balan o aúllan; más que nada para que puedan elegir al tipo de personas que quieren que les rodeen, y no llevarse luego sorpresas desagradables.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        La quema de libros está obsoleta o Cómo la digitalización facilita la perpetuación de la homogeneización cultural

        La quema de libros es un símbolo muchas veces enarbolado a lo largo de la historia. Hay hogueras literarias que van desde la quema de libros llevada a cabo por los nazis el 10 de Mayo de 1933 como parte de su “Acción contra el espíritu anti-alemán”, hasta la quema de libros relatada por Cervantes en su magistral novela de ficción “Don Quijote”, que empieza con el caballeresco “Las sergas de Esplandián” a proposición del barbero. Son episodios que se suelen grabar en la memoria del que los lee, puesto que los libros hoy en día se consideran en general un bien cultural, y su destrucción a gran escala toca la fibra sensible de muchas personas que ven en la cultura un vehículo de progreso socioeconómico.

        En este post en concreto, no quería hablarles de la quema de libros en sí misma, sino más bien de cómo la tecnología del siglo XXI puede facilitar enormemente esta tarea a todo el que esté dispuesto a prender la mecha. La digitalización de libros, música, etc. es algo que ya se viene materializando desde hace unos años. Su avance es apabullante, y podemos decir que dentro de unos años casi todas las obras literarias y musicales de la humanidad acabarán por estar únicamente en soporte electrónico. Las ventajas que ello supone con incontables, pero también hay algunas amenazas en las que no se suele reparar muy a menudo. Una de ellas, y creo que la más impactante, sería el encender una hoguera digital.

        Hasta ahora, organizar una quema de libros era algo que requería mucho más esfuerzo y organización, y su efectividad real era relativa. Una quema de libros era más bien un acto simbólico por el que los que mantuviesen ocultos ejemplares de las obras incineradas pasaban a saber que estaban corriendo un riesgo cierto. Ahora, y más aún en un futuro próximo de libros exclusivamente electrónicos y Spotify, eliminar un libro o una canción de los anales de la historia se limitará a un simple click hecho por la autoridad que ejerza la censura. Simplemente apretar un botón y automáticamente las obras se borrarán para siempre de librerías, bibliotecas, editoriales… y los usuarios ya no tendrán acceso a ellas. Goebbels, el Ministro de Propaganda e Información nazi, nunca habría ni siquiera soñado con algo así, ¿No creen?.

        Esto abre una nueva puerta a los mecanismos que los regímenes totalitarios utilizan para imponer sus habituales homogeneizaciones culturales, bien sea por parte de regímenes de izquierdas, bien sean de derechas. Imponer un credo político-social al pueblo será mucho más fácil, y lo que es más impactante, esta homogeneización cultural no sólo se impone para las generaciones presentes, sino que, borrando para siempre una obra, se impone también automáticamente para las generaciones futuras. El totalitarismo no será una opción, será LA opción, porque no habrá otra alternativa ideológica que esté plasmada en ninguna obra a disposición del público ni que pueda servir para hacer que los ciudadanos aspiren a un sistema diferente. Y recuerden los riesgos de la homogenización cultural que ya analizamos en el post “La dictadura de la mayoría o El democrático exterminio de las notas discordantes”. Como siempre les digo, el futuro es impredecible, y nunca se sabe cuándo la sociedad va a necesitar unas determinadas ideas para poder asegurarse su supervivencia.

        Pero en el proceso de digitalización cultural no todo es totalitarismo e imposición inevitable. Tengan en cuenta que la gran ventaja de los contenidos digitales no sólo es que se puedan borrar con un solo click, para desgracia de los totalitarismos, también se pueden copiar con un simple click. Además añadiría que ocupan muy poco en comparación a un libro impreso, tan sólo unos bytes en un disco duro de un servidor que puede estar ubicado en algún lúgubre y recóndito lugar del planeta, esperando pacientemente a que alguien de la Resistencia se lea unos párrafos.

        La reflexión que pretendía hacer hoy con ustedes es que con la digitalización cultural la censura cambiará radicalmente su modus operandi, pero también lo harán los medios para saltársela. El otro día un buen amigo me comentaba una de las frases que dijo Hermann Göring, nazi fundador de la Gestapo: “Cuando oigo la palabra cultura, cojo mi revólver”. En cualquier caso, ya no hará falta que se lleve la mano a su pistola Walther PPK, lo único que deberá coger es el ratón, hacer click y provocar un apagón digital selectivo. A partir de ese momento, esas obras censuradas pasarán irremediablemente a formar parte de la oscura Internet oculta: accesibles únicamente para el que se atreva a arriesgar su vida bajo el omnipresente escrutinio del Gran Hermano digital.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        Bio-hacking para tomar el control de su cerebro o El ilusionismo perversamente llevado a la tecnología

        ¿Han oído alguna vez hablar del Bio-Hacking?. Si hasta el momento no han oído hablar de ello, no duden que en unos años estará en boca de todos. El Bio-Hacking será el nuevo campo de batalla de una seguridad que ya traspasa el plano informático, y entra de lleno en la seguridad personal en el sentido más amplio de la palabra.

        Pero empecemos por el principio. ¿Qué es el Bio-Hacking?. Pues no es ni más ni menos que hackear (principalmente) el cerebro, es decir, aprovecharse de las debilidades y defectos de nuestros cerebros para obtener algo a cambio, incluido el mero placer de superar un reto. Ya ven como en realidad el Bio-Hacking lleva con nosotros muchos años. La magia y el ilusionismo son buena prueba de ello, puesto que se aprovechan de cómo nuestro cerebro percibe y procesa la información de los sentidos para engañarle con ilusiones que no existen en la realidad. Otro buen ejemplo son los ladrones sin violencia, que le empujan a uno con fuerza por la espalda para luego disculparse, y mientras nuestro cerebro está procesando el fuerte empentón, no es capaz de percibir el sutil roce de nuestra cartera siendo sacada del bolsillo por los hábiles dedos del carterista.

        Nada nuevo hasta el momento, ¿Por qué les saco pues a colación este tema ahora?. La respuesta está en el hecho de que uno de los campos en los que más progreso vamos a ver en las próximas décadas es en las disciplinas híbridas entre medicina, psiquiatría, telecomunicaciones e informática. Sí, ya les he hablado en otras ocasiones de ello, es la neurociencia. El profundo conocimiento del cerebro que van a traer consigo estos avances, permitirá conocer nuevas vulnerabilidades de nuestros cerebros, que pueden ser aprovechadas por criminales bien para hacerse simplemente con su billetera, bien para conseguir que se quede usted fácilmente inconsciente o incluso con la voluntad anulada. Nosotros somos nuestro cerebro. El Bio-Hacking abrirá peligrosas puertas de atrás en nuestras mentes a merced de los bio-hackers. Prácticamente casi todo lo que somos y lo que sabemos puede quedar expuesto a los bio-criminales.

        Pero no se alerten tanto todavía, sin duda lo peor no son estas amenazas. Si que les roben la cartera o les dejen inconscientes fácilmente les puede producir inseguridad, tengo que decirles que esto no es más que la punta del iceberg. El Bio-Hacking traerá consigo acciones que a día de hoy no somos capaces ni de imaginar. Un ejemplo que se me puede ocurrir de primeras es por ejemplo que el bio-hacker pueda alterar su memoria y borrar rápidamente los recuerdos que tiene del crimen que acaba de presenciar casualmente en plena calle, o que pueda hacer un volcado completo de su memoria y recuerdos a un disco duro, e incluso que pueda luego restaurar su cerebro y sus recuerdos en un clon que pudiese suplantarle.

        ¿Y si intentamos imaginar un futuro de neurociencia con componentes bio-electrónicos y cerebros conectados a una red de ordenadores?. No duden que algún día esto llegará, y abrirá la puerta a que los bio-hackers puedan infiltrarse en su cerebro igual que ahora entran en su ordenador personal: desde el sillón de sus escondrijos y simplemente pulsando las teclas de su teclado. O peor me lo ponen, tal vez acabemos en una suerte de 1984 versión internet. Los que se aprovechen del Bio-Hacking no tienen por qué ser seres underground que se cuelan sin permiso entre sus neuronas. Tal vez cuenten con su propio beneplácito. Tal vez salgan en los telediarios. Recuerden que, en la novela de George Orwell, cuando iba a subir el precio del chocolate, la prensa decía que en realidad lo estaban bajando, y alteraba todas las ediciones anteriores para poner un precio anterior del chocolate efectivamente más alto. Ahora eso será mucho más fácil, simplemente hay que apretar un botón y The Matrix actualizará todos nuestros recuerdos aprovechándose de alguna puerta de atrás del Bio-Hacking.

        Así que ya saben, a medida que la neurociencia avance, por favor, si acabamos teniendo un conector implantado que permita conectarse a nuestro cerebro, llévenlo bien protegido. Aunque tal vez ni aún con esas sea suficiente, ya que estoy convencido de que la neurociencia acabará desarrollando dispositivos que interactúen con nuestros cerebros con señales electromagnéticas, sin necesidad de cables ni conectores de ningún tipo. Por ello, por su propia seguridad, yo me iría mirando un casco de plomo que actúe como caja de Faraday, blindando su cerebro frente a señales electromagnéticas externas. Y sobre todo, mantengan actualizado su antivirus neuronal. Un antivirus actualizado no les evitará una gripe, pero sí tal vez evitará que le borren de la memoria las claves y el saldo del banco. Aún así tengan en cuenta que, al igual que todo cerrajero les asegurará que no hay cerradura segura, en el futuro todo bio-hacker les dirá que no hay ningún cerebro a salvo. Si van a por usted en concreto por el motivo que fuere, no duden que, con la neurociencia en la mano, serán perfectamente capaces de acabar consiguiendo su propósito sea cual sea.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        El respeto al valiente en la empresa o El desprecio por la fidelidad perruna

        El otro día tuve una conference call en la que participaba uno de los directivos de alto nivel de la multinacional en la que trabajo. La situación era tensa. En un proyecto estratégico había habido un problema por parte un proveedor, cuya solución ahora requería realizar una serie de tareas adicionales, con el consiguiente impacto en la planificación de un proyecto con gran visibilidad en el consejo de administración de la compañía.

        En la conference, tras discutir con el proveedor los nuevos requerimientos, conversación difícil porque trataban por todos los medios de intentar colocar la pelota en nuestro campo y pasarnos el problema de tener que realizar las nuevas tareas, llegamos a un acuerdo de mínimos para realizar al menos las tareas necesarias a más corto plazo. Una vez acepté los requerimientos más acuciantes del proveedor, la conference pasó a una segunda fase, menos peligrosa porque ya nadie intentaba volcar las culpas sobre mí, pero en la que la presión era mucho mayor. Tomó la palabra la directiva usuaria de alto nivel. Me pidió la fecha en la que las nuevas tareas estarían finalizadas. Mi plazo, que se ajusta al máximo a lo estrictamente necesario, fue de dos semanas. Aquello yo ya era consciente de que abría una vía de agua en el proyecto, pero es el tiempo mínimo que les cuesta a nuestro equipo llevar a cabo unas tareas como éstas. Se hizo un silencio sepulcral en la sala en la que yo estaba y en la línea por la que manteníamos la conference.

        La directiva, desde su estratosférico cargo, decidió poner presión sobre mí. Me dijo que era un proyecto estratégico para la compañía, y que era muy importante que saliese en fechas. Mi segunda respuesta fue idéntica a la primera: necesitábamos dos semanas para realizar las tareas. Se hizo en la sala y en la línea telefónica un silencio más sepulcral aún que el primero; era un silencio realmente incómodo, y los que tratan con anglosajones saben lo violentos y peligrosos que pueden llegar a ser sus silencios. Por tercera vez la directiva de altos vuelos aumentó la presión de la caldera, esta vez hasta rozar el máximo, y me dijo vocalizando de forma anormalmente lenta y con voz tajante que era un proyecto crítico para la compañía y que no se podían permitir un retraso en el plan de proyecto. Para poner aún más presión sobre mí, añadió que estaba segura de que yo podía mejorar mis fechas, “¿Podéis hacerlo en una semana?”.

        ¡Qué iba a hacer yo!. No podía comprometerme con una fecha poco realista, primero porque iba a suponer para nuestro equipo una carga de trabajo inasumible, y segundo porque era un plazo que no podía garantizar. Durante el tenso silencio que siguió a continuación, llegué a la conclusión de que tenía que mantener el tipo ante la presión, ya que si aceptaba ese plazo, cuando probablemente no llegásemos a tiempo, el problema sería nuestro. Si por el contrario mantenía el plazo mínimo necesario, el problema era del que lo había creado: del proveedor que nos había pasado los requisitos incompletos. Así que, tras la larga pausa con ruido eléctrico de fondo en el altavoz de conferencias, volví a decir exactamente lo mismo que las otras dos veces anteriores: el plazo necesario para realizar las nuevas tareas es de dos semanas.

        Se oyó a gente carraspear, algunos tosían incómodos, otros simplemente callaban. La directiva, no sé si sintiéndose agraviada, entonces pasó a otro estadio. Estrechándome el cerco,  se dirigió a mí con voz grave y me dijo que quería tener una conference call diaria conmigo todas las tardes para que le informase puntualmente del progreso de los trabajos. Aquello sonaba a algún tipo de amenazante actitud por la que me comunicaban que desde arriba me iban a estar mirando mi trabajo al milímetro. Ya sabemos lo que eso significa: al más mínimo contratiempo se entera hasta el presidente, y la culpa para el que suscribe, con el consiguiente riesgo de pérdida de mi puesto de trabajo. Como uno ya tiene una edad, mi respuesta fue de lo más diplomática, sin aceptar para nada la clara amenaza que se cernía sobre mí: “Me parece una idea fantástica. Así tendré la ocasión de informarle puntualmente y de primera mano sobre la evolución de nuestros hitos del proyecto”.

        A partir de ese momento, el tono de la directiva dio un giro radical. Dejó de sonar tan pausadamente grave y amenazante, y pasó a ser más cercana y amigable. Con ella en línea, acabamos de definir con el proveedor los requisitos de las otras tareas que se necesitaban para más adelante. La directiva se dio cuenta de que el trabajo era crítico y complejo, sobre todo por las implicaciones que podría tener a posteriori si todo no estaba bien atado. Creo que también fue consciente de que nuestro nivel técnico y de gestión era de valorar. Y además, me consta que mi persistencia en mantener los plazos mínimos a los que me podía comprometer, pese a suponerle un problema grave en su proyecto, le hicieron verme más como un enabler que como un inútil obstáculo a superar en su camino.

        Acabó la conference agradeciéndome amablemente a mí personalmente mi colaboración. No tuve más conferences con ella como las que había propuesto antes para hacerme un seguimiento intensivo. El proyecto evolucionó sin contratiempos y completamos nuestros hitos un poco antes de lo comprometido. La alta directiva me agradeció personalmente mi profesionalidad y dedicación, así como la del equipo con el que trabajé. Nos envió una felicitación expresa por escrito que acabó en el comité de calidad de la compañía. Unos halagos que no son muchas veces habituales en estos lares, por lo que su valor es más gratificante si cabe.

        Las conclusiones que podemos extraer de todo esto son importantes, especialmente en el mundo de la empresa y en la relación con directivos con mucho poder. Este perfil de directivo está acostumbrado generalmente a la gente que asiente a todo, que nunca se atreve a decir que no a algo, aunque ese algo sea imposible. Pero no se equivoquen, precisamente porque esto suele ser la norma habitual nunca, repito, nunca valoran la fidelidad perruna. Es más, les infunde cierto sentimiento de desprecio. Cuando llega una persona y no cede ante ellos, siempre por supuesto respaldado por unos buenos motivos, inicialmente les despierta ciertas ganas de hacer redoblar su fuerza sobre el alma díscola que sobresale entre la masa servil. Pero, insisto, si los motivos son realistas y justificados, acaban sintiendo cierta admiración por ese mindundi que ha osado desafiar su autoridad y presión. Si ese mindundi demuestra además valía profesional, el directivo top-level se acaba poniendo en sus manos en aquellos aspectos que se le escapan por su visión de alto nivel.

        Me despediré advirtiéndoles no obstante del riesgo de entrar en estas dinámicas, puesto que si uno trata con directivos con poder, y se comete algún error (que alguno todos cometemos a veces), las consecuencias pueden ser importantes para la carrera profesional propia. Tampoco caigan en confundir lo que les expongo con la resistencia automática y el impedimento gratuito. Los directivos suelen despreciar la fidelidad perruna, pero odian a los “Doctores NO”. Traten de ser enablers, diferenciándose claramente de los stoppers. Para ello, anticipen riesgos y peligros reales para así poder tenerlos en cuenta antes de que se materialicen en un problema; los directivos saben apreciar esto. Y sobre todo, recuerden que la patada para adelante no resuelve nada. Postergar un problema no va a solucionarlo. España es un país de lidias; sean valientes y cojan el toro por los cuernos. Recuerden que los directivos valientes suelen detestar la cobardía y, aunque a veces parezca que no se aprecia a corto plazo, en el largo plazo siempre se valorará que es mejor resolver el hoy que complicar el mañana. Porque no duden que el mañana siempre acaba llegando, y sólo los valientes se atreven a lanzarse a por él antes de tiempo.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        La dictadura de la mayoría o El democrático exterminio de las notas discordantes

        Estaba el otro día haciendo deporte y escuchando música en mi Smartphone con una aplicación de streaming. Sonaba el vibrante “Hawkmoon 269” de U2, y recordé la épica cara B de aquel emblemático álbum “Rattle and Hum”. Pensé cuánto había cambiado desde los ochenta el panorama musical y cultural (en mi modesta opinión para peor), y acabé llegando a la conclusión de que la música y la cultura sólo son la punta de un iceberg, en el que a menudo no reparamos, pero que esta teniendo una creciente influencia en nuestras vidas y sociedades.

        Mucha gente de mi generación y anteriores está totalmente de acuerdo en que la década de los ochenta, y las inmediatamente anteriores, fueron décadas muy productivas y constructivamente creativas en casi todos los planos. Y en este post me gustaría reflexionar con ustedes por qué hemos ido a peor en este aspecto, y qué podemos hacer nosotros como individuos para remediar este grave problema.

        Ya que hemos empezado con el mundo de la música, sigamos con él, porque las conclusiones a las que lleguemos verán como nos valen para un amplio espectro de aspectos socioeconómicos. Hace tan sólo unos lustros, todos nos comprábamos un LP, y solíamos escucharlo concienzudamente. Había un canal de comunicación directo del artista al consumidor, por el cual uno escuchaba su obra como conjunto, y esas “Caras B” que a menudo de primeras resultaban un poco ásperas de escuchar, tras perseverar en escucharlas, muchas veces se volvían en una joya cultural para nuestros oídos. A eso lo llamo yo que el artista nos ha transmitido algo más importante que su propia música: desde su especializada y profesional posición, ha contribuido a educar nuestro sentido y gusto musical, haciéndolo evolucionar, y a nosotros personalmente con él. Hoy en día esto no ocurre. Casi todo el mundo añade a su playlist el hit de cada disco nuevo, y como mucho escucha el disco completo de pasada y se guarda tan sólo las dos o tres canciones más pegadizas. La música ya no es un canal de comunicación, sino un mero producto de consumo. La gente no admira una obra, sino que rellena el ambiente o su vida con una melodía de fondo que simplemente le regala a sus oídos algo fácil de escuchar. En el mejor de los casos, se escucha música con la utilitaria intención de alegrarnos algún instante o cambiarnos el estado de ánimo.

        Vemos pues como el panorama musical está aquejado de los mismos problemas que nuestra sociedad en general. En este mundo todo es reflejo de todo. Con este ejemplo en clave de sol vemos una vez más cómo el cortoplacismo, cómo la recompensa instantánea, cómo el utilitarismo, prevalece totalmente hoy en día sobre el educar a largo plazo, sobre el esfuerzo por ir domando poco a poco los sentidos y las conciencias, sobre la evolución sin una utilidad u objetivo más allá del mero progreso.

        Al igual que en el post de ”La Muerte de Darwin o ¿Tiende el hombre a su auto extinción?” les hablé del peligro de que el ser humano cercenase la biodiversidad del planeta, les hablo ahora del gran peligro que supone que nuestra sociedad haya entrado en una espiral de suicida homogeneización cultural, ideológica y social, que diezma letalmente la diversidad en nuestros sistemas socioeconómicos. La diversidad es totalmente necesaria, fomenta la creatividad y, lo que es más importante, recuerden que el futuro es totalmente impredecible, y al igual que un gen extraño y aparentemente sin utilidad puede suponer en unos años la supervivencia de una especie, una idea aparentemente improductiva puede suponer en unos años la supervivencia de nuestra sociedad.

        Esta letal homogeneidad se ve en múltiples aspectos de nuestras vidas. Desde el mundo de la cultura que nos ha servido de entradilla, al mundo de la moda, pasando por la política, los mercados, las ideas… como me decía una amiga compositora y cantante hace unas semanas cuando le expuse algunas de estas ideas: el marketing está matando la música, y yo añado que el marketing no sólo está matando la música, lo está matando todo. Todo está siendo homogeneizado por la dictadura de la mayoría, que en la práctica se está traduciendo en un democrático exterminio de las notas discordantes que debería haber en todos los aspectos de nuestras sociedades. Todo producto, toda prenda de vestir, toda canción, toda obra, toda idea… antes de ser lanzada al mercado, a las vallas publicitarias y a los telediarios, pasa por el implacable escrutinio del marketing, cuyo único objetivo es llegar a la mayoría de los individuos. Normalmente se obvia y se pasa por alto toda idea que se salga de la generalidad. Esto acaba siendo como la pescadilla que se muerde la cola, y supone en la práctica una implacable apisonadora que aplana nuestras mentes haciéndolas peligrosamente similares, con el único fin de paquetizarnos a nosotros también como consumidores, de tal manera que, cuanto más grande y homogéneo sea el paquete, más rentable resulta dirigirse a él para venderle.

        Podríamos decir que hoy en día, a todos los niveles de nuestra sociedad, vivimos en la era del pensamiento único democrático, en el cual el marketing de la mayoría va imponiendo a casi todos sus homogéneos principios, que tras tanta generalización se acaban volviendo de color gris mortecino. Pero no desesperen, la tecnología y el progreso que aún nos queda ha abierto una puerta a la esperanza. Como les expuse en el post “La Teoría del Caos 2.0 o La potencialidad de un comentario en las Redes Sociales“, las redes sociales y su rápido y alto impacto en nuestras sociedades, permiten que una idea individual a priori limitada a un único individuo, pueda rápidamente propagarse por todas nuestras conciencias y pueda cambiar el parecer de toda la sociedad en tan sólo unas horas. Esto es algo que se empieza a intuir en determinadas instancias, y desde aquí les auguro que el próximo (sino actual) campo de batalla de la democracia se librará en las redes sociales. Hay que dar un pequeño golpe de timón a nuestras sociedades, y corregir el rumbo para volver a dirigirnos hacia la verdadera democracia, que es algo distinto a la dictadura de la mayoría hacia la que nos estamos desviando poco a poco. Hay que matizar que diversidad no debe ser sinónimo de autodestrucción, y que desde la tolerancia hay que saber restringir preventivamente los radicalismos. El mundo de los años 80 consiguió este caldo de cultivo de ideas, no veo por qué no vamos a poder conseguirlo de nuevo ahora.

        Me gustaría despedirme hoy recordándoles el incalculable valor de la creatividad, de la imaginación, de la excepción que confirma la regla, de las voces disonantes, de las notas discordantes… en resumen, el valor de las ideas. Esas ideas que hoy en día algunos prefieren que se las den hechas, eso sí, con un envoltorio muy bonito, a un precio módico, y a poder ser sin que les hagan pensar mucho, por favor. No saben lo extremadamente peligroso que esto puede resultar. Mantengan siempre un constructivo espíritu crítico con ellos, pero guarden como oro en paño a aquellos que piensan diferente, nunca se sabe cuándo el futuro nos va a hacer necesitar sus ideas.

        (Y ahora les voy a pedir un favor, sigan pensando en este último párrafo mientras se ponen la canción “I will survive” de Gloria Gaynor hasta que se raye el disco, digo, hasta que se borren los bits. Es una estupenda banda sonora ochentera para lo que quería transmitirles hoy: “But now I hold my head up high! […] And I’ll survive! I will survive!”)

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        El Gobierno del Software o Cómo controlar a las masas con las redes sociales

        Habrán leído sobre los polémicos experimentos llevados a cabo por Facebook entre sus usuarios. Me gustaría profundizar aquí en las inquietantes y poco comentadas consecuencias finales de este tipo experimentos, puesto que la polémica en la red se ha centrado tan sólo principalmente en su no respeto a la privacidad, y al hecho de que no se ha pedido a los usuarios su consentimiento expreso para participar en los mismos: estos dos puntos son sólo la punta del iceberg.

        Para los que no han estado al tanto de estos experimentos, simplemente les resumiré que Facebook realizó experimentos no consentidos con las cuentas de casi 700.000 usuarios de habla inglesa. Los experimentos eran bastante básicos, y se limitaban a comprobar el nivel de interacción y uso de la red social dependiendo de si los usuarios leían de sus amigos comentarios o bien positivos en un primer grupo, o bien negativos en un segundo grupo. La red social argumentó que era legítimo tratar de obtener información para su negocio sobre cómo fidelizar y aumentar el uso de la plataforma, y que este tipo de prácticas, conocidas en el sector como “A/B testing”, son habituales en muchas webs, que prueban si una forma de presentar los contenidos es más adecuada que otra para fidelizar a sus usuarios. Los usuarios se quejaban de que los experimentos sentaban un precedente muy peligroso para discriminar a unos usuarios frente a otros, cuando los algoritmos deberían ser igualitarios y tratar por igual a todos los usuarios.

        Sin tomar parte por unos o por otros, profundicemos en el tema de los experimentos sociales, que aquí hay mucha miga. Ya les comenté hace tiempo en el post “La profecía de George Orwell o El 1984 de las Redes Sociales” que las redes sociales pueden servir de vehículo para la vigilancia y seguimiento intensivo de los individuos. Son herramientas que, en caso de ser mal utilizadas, dan al que las gobierne un poder casi absoluto sobre la ciudadanía. Por otro lado, los políticos siempre han sentido una lógica debilidad por la psicología social y de masas; como muestra de ello, no hay más que ver lo acostumbrados que nos tienen a los bailes cruzados de intereses y escándalos con los medios de comunicación tradicionales. Las nuevas posibilidades que en este sentido abren las redes sociales suponen una peligrosa herramienta, incluso en tiempos de democracia como los actuales, puesto que el que gobierna las masas, gobierna los votos, y acaba gobernando el país, con todo lo que ello conlleva.

        La prensa tradicional era mucho menos intrusiva que las redes sociales. Todos nos podíamos hacer una cierta idea de la afiliación política de nuestro entorno por el periódico que compraban, pero ahora con las redes sociales la información es mucho más profusa y detallada. Antes no se sabía la reacción de cada lector ante cada noticia o tema concreto. Ahora, con las redes sociales, la opinión sobre todo like de Facebook que se mueva es cuasi-pública y, lo más peligroso, queda registrada. Lo único que puede permanecer privado hoy en día es lo que no se teclea.

        Pero la cosa no queda en catalogar a los usuarios y conocer su opinión sobre todo lo que circula por las redes sociales. Los experimentos sociales abren la puerta a nuevas posibilidades para manipular en masa la opinión de los ciudadanos, lo cual, en países y tiempos de democracia y “libertad”, es igual o más tentador que en tiempos de represiones violentas. Es tecnológicamente muy sencillo analizar el impacto de una forma u otra de exponer una noticia, de cómo nos afecta el que la primera información que nos llega de un tema sea un comentario de un amigo de aprobación o desaprobación… y aprender de ello. Al final nuestras opiniones corren el riesgo de acabar dependiendo de cómo estén programados los algoritmos sociales que nos presentan en Facebook o Twitter unas u otras noticias en base a nuestro perfil y a cómo se nos ha segmentado. Ante ustedes tienen una nueva era tecnológica basada en la ingeniería social, la Era del Gobierno del Software, y, efectivamente, con esto se puede conseguir ponerle puertas al campo, o más bien, a nuestras mentes.

        ¿Creen que todo esto es un tema un poco paranoico?. Recuerden que el futuro es impredecible, y que muchas veces la realidad supera a la ficción. Para que puedan valorar un poco más el tema que tratamos, les animo a que lean un artículo que, si bien en condiciones normales podría ser calificado de curioso, tras los párrafos anteriores adquiere un matiz inquietante. El artículo en cuestión es “How Advanced Socialbots Have Infiltrated Twitter”  Les resumiré que la noticia habla de un estudio por el que una universidad brasileña ha liberado en Twitter unos cuantos robots que se dedicaron a publicar ciertos tuits sintéticos sobre ciertos temas, y a hacerse seguidores de otros usuarios. Lo sorprendente del asunto es que muchas cuentas reales se hicieron seguidores suyos, con lo cual su capacidad de influenciar a personas reales se volvió relevante. Como muestra de ello, el índice Klout (estándar que mide la influencia de un usuario) que obtuvieron superó en algunos casos incluso la de reputados académicos en los temas de los tuits sintéticos. Ahí es nada. Recuerden lo que les comentaba antes de los experimentos sociales y de cómo nos pueden influenciar las personas a las que seguimos en Twitter o Facebook, si ahora añadimos que esas personas que nos influyen pueden ser robots programados, ya tienen ustedes un mando de control remoto que, en vez de abrir la puerta de su garaje, abre o cierra nuestras mentes a determinadas ideas, siempre a conveniencia del programador del bot en cuestión.

        Me despediré haciéndoles reflexionar sobre el hecho de que tal vez a día de hoy puedan ustedes confiar en Facebook o en Google, pero su información y sus relaciones en las redes sociales ya les pertenecen a ellos, y nadie sabe de qué señor serán vasallos en el futuro. Recuerden la famosa frase que dice que, en internet, cuando ustedes usan un servicio gratis, el producto que están vendiendo es usted. Añadimos con este post que esto puede ocurrir también para servicios de pago, bien sea para segmentarnos y vendernos algo, bien sea para vender la capacidad de influencia sobre nuestra forma de pensar. Lo segundo en concreto abre peligrosamente una caja de Pandora que no debería abrirse jamás.

        Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

        A %d blogueros les gusta esto: