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Cómo protegerse del pisoteo de su intimidad por el Big Data o La diferencia entre Little Brother y Big Brother

¿No han oído ustedes hablar del Big Data?… pues les puedo asegurar que ya pueden sentir sus efectos. En dos palabras se podría resumir como el procesamiento masivo de datos de los ciudadanos. Para que me entiendan, les pondré un ejemplo que está ocurriendo: ¿Su operador le ha felicitado el cumpleaños y usted juraría que nunca le ha proporcionado su fecha de nacimiento? Eso es Big Data: hay operadores que procesan masivamente la cantidad ingente de datos que tienen sobre usted, y por ejemplo dan con el día del año en el que usted recibe más llamadas con lo que, con una probabilidad del noventaytantos por ciento, su sistema de Big Data decide que ése es el día de su cumpleaños.

¿Empiezan a preocuparse? Deberían… Pero esto es sólo el comienzo. ¿Saben cómo la policía de Londres averigua en tiempo real con gran precisión en qué barrios está produciéndose un incremento del consumo de estupefacientes para reforzar su vigilancia? Con cierto tipo de Big Data: recolectan y analizan la proporción de componentes prohibidos en las aguas residuales de cada barrio. ¿Se preguntan ustedes cómo su aplicación de mapas puede predecir con tanta exactitud y en tiempo real dónde empieza y dónde acaba el atasco de la operación salida de vacaciones de su ciudad? Se obtiene de los datos de los teléfonos móviles de cientos de usuarios que ignorantes de su contribución llevan el móvil simplemente encendido. Sí, como oyen, simplemente encendido: no hace falta llevar el GPS habilitado. Por triangulación entre varias antenas de telefonía móvil, realizando una simple intersección de círculos de posible ubicación, pueden dar con usted.

¿A que ahora ya está bastante preocupado? Pues tampoco esto es lo último que les traigo hoy. ¿Saben que hay empresas occidentales que venden tecnología de monitorización masiva a países donde los derechos humanos brillan por su ausencia? En Occidente últimamente no podemos alardear precisamente de preservar la intimidad de nuestros ciudadanos, pero imagínense a lo que puede llegar la cosa si encima vive usted en un régimen totalitario y represivo, o si… si algún día su país pierde el estatus de país democrático y se vuelve un estado policial.

La verdad es que las implicaciones de este tipo de procesamiento masivo de datos son potencialmente muy buenas, excelentes diría yo, como en el caso que les citaba anteriormente de la policía londinense. El caso es que, con todo avance, no sólo hay que mirar los posibles beneficios, sino también las potenciales amenazas, y en este caso son muchas y de una proporción que quita el sueño. ¿Cómo solucionar esta ecuación? De alguna manera hay que hacerlo, porque además en países que han perdido sus libertades podrán decirles lo rápido que se establece un régimen de terror ante la pasividad amedrentada de sus ciudadanos… y lo peor es que suele ser un proceso rápido y de una marcha atrás apenas posible, y menos aún con este tipo de tecnología que permitirá localizar fácilmente cualquier atisbo de resistencia para aplastarla.

¿Cuál es la solución para equilibrar la balanza de beneficio-amenaza? Un gobierno que haga sus deberes y que regule de forma adecuada el derecho a la intimidad de sus ciudadanos. Y no sólo que lo regule, sino que también obligue a su cumplimiento y que persiga a quien lo quebrante, siempre teniendo en mente un equilibrio razonable entre seguridad nacional y derecho a la intimidad. Es cierto que la Ley de Protección de datos española es una de las más estrictas del mundo, algo por lo que los españoles debemos felicitarnos, y que protege los datos de los ciudadanos desde el mismo momento en que alguien los posee; pero al mismo tiempo se debe observar cómo se vela por su cumplimiento, y que dicha ley no se vuelva en una guadaña selectiva con la que cercenar a quién arbitrariamente se ponga en el camino del poder. Difícil ejercicio, sin duda. Incluso las democracias más evolucionadas necesitan de cierto entrenamiento para refinar sus nuevas leyes y su forma de aplicarlas, y ésta no va a ser una excepción.

¿Y qué hacemos mientras tanto? Para un ciudadano sin nada que esconder, en la situación actual, tampoco es cuestión de ponerse en plan Snowden y meter el teléfono todas las noches en la nevera porque es toda metálica y constituye una caja de Faraday (evita que cualquier radiación sea transmitida de forma involuntaria comunicando por ejemplo datos de nuestra ubicación). Obviamente a Snowden esto le hizo falta, a nosotros por ahora creo que no, y espero no estar equivocado. Pero el futuro es impredecible, nunca nunca lo olviden, y no podemos saber a ciencia cierta qué tipo de régimen habrá en nuestro país dentro de unos años. Por ello, aunque sólo sea por proteger su intimidad actual y tal vez su seguridad futura, lo mejor que pueden hacer es albergar la esperanza de que su perfil en internet no llame mucho la atención, para conseguir que sus datos queden escondidos entre los de la masa y sólo sean tratados por algoritmos automáticos para venderle cosas, porque como haya alguien que decida entrar al detalle de forma personalizada, con la tecnología actual, usted está perdido.

Big Data Brother está siempre vigilante, no falla nunca, y por muy prudentes y conservadores que sean ustedes a la hora de compartir su información en internet, en la sociedad del siglo XXI y de las redes sociales, su información personal escapa a su propio control: usted puede tener mucho cuidado con lo que dice en Facebook o Twitter, pero seguro que tiene algún amigo suyo que no lo haga y publique fotos suyas o comentarios indiscretos. Así que, otro buen consejo que me permito darles es que yo que ustedes fraccionaría mi información entre cuantos más sitios mejor… eso sí, esto puede librarles en cierta medida del poder que los innumerables pequeños hermanos van acumulando sobre usted, pero no les librará de ninguna manera del Big Brother, el gran hermano que tiene el poder y la capacidad de agregar y utilizar toda la información que poseen los distintos pequeños hermanos. Ante eso, sólo les puedo decir que sean conscientes de la importancia de este problema, y que exijan como ciudadanos unas leyes razonables y una escrupulosa observancia de las mismas, porque la alternativa que me puedo imaginar es simplemente como para ni pensar en ella.

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Qué nos aporta un simple tuit o Lo efímero de las relaciones personales en Twitter

Admiro esos tuiteros que, cuando pierden el control de su cuenta de Twitter muriendo de éxito por acabar teniendo un número muy elevado de followers, al ver que van a pasar irremediablemente a dictar en vez de dialogar, prefieren cerrar su cuenta antes que dejar de dar un trato personal a sus seguidores. Otros optan por priorizar su tiempo, interactuar lo que buenamente pueden, y dejar muchos tuits perdidos sin respuesta flotando en la tuitosfera. No hay nada mejor o peor en una u otra forma de proceder, pero simplemente querría reflexionar con ustedes sobre el tema.

Empecemos por plantearnos que, en la vida real, siempre ha habido gente para todo. Hay gente más propensa a conservar las relaciones personales con personas que ellos consideran que merecen la pena. También hay otros individuos que evalúan a la gente que les rodea, más que por su relación de amistad en sí misma, por lo que les puede beneficiar conservarla según sean sus intereses particulares. Hay otros que son asociales por naturaleza y no conservan ni lo que quieren, ni lo que les interesa. Pero no nos apartemos del tema. En este post yo quería centrarles en la diferencia entre las actitudes ante las relaciones personales en la vida real y en la vida virtual.

Creo que es interesante abordar el hecho de que es cierto que el roce hace el cariño. Las personas no damos la misma importancia a una relación con una pareja y unos hijos que vemos todos los días, con unos padres o unos hermanos que vemos todas las semanas, con un buen amigo o amiga que vemos siempre cada cierto tiempo, o con un amigo al que no vemos desde la infancia o… con un Tuitero al que la mayoría de las veces ni siquiera le ponemos cara.

Es este último matiz sobre el que quiero poner énfasis. ¿Hay diferencia entre ir leyendo por Whatsapp las actualizaciones sobre la vida de un amigo que leer los tuits de un desconocido?. Les puedo asegurar que es fácil acabar desarrollando cierto apego por gente a la que tan sólo sigues en Twitter, sobre todo cuando hay cierta proximidad personal, pero evidentemente la intensidad emocional que hay tras un tuit de un follower no es la misma que la que hay tras un whatsapp de un amigo de toda la vida, siendo el soporte el mismo Smartphone.

No es que queramos menos a nuestros followers tuiteros, sino simplemente es que les queremos de otra forma. La aproximación debe ser igual a las diferencias entre una relación personal y una profesional, o una personal y una familiar, etc. ¿Por qué pienso esto?. Es muy sencillo, espero que estén ustedes de acuerdo conmigo. Podemos definir relación social como una forma de comportarse en sociedad en base a una interacción personal. Con Twitter tenemos que, como les he explicado antes, hay una nueva forma de comportarse, y además hay también una nueva forma de interactuar. Todo esto nos lleva a tener que plantearnos si en realidad Twitter no es una nueva fuente de relaciones sociales distintas a lo que hemos conocido hasta el día de hoy, de forma que establezca un nuevo modelo de relación social.

Salvo honrosas excepciones, una diferencia relevante que he observado entre las relaciones tuiteras y las tradicionales es la perdurabilidad. Las tradicionales perduran en el tiempo con mucha mayor facilidad que las tuiteras. Es cierto que hay relaciones tuiteras que acaban derivando en personales, pero son las menos, y acaban perdurando con mayor facilidad precisamente por su cambio de naturaleza. Es el contacto personal el que nos lleva a apreciar más intensamente a alguien. No es lo mismo leer las reflexiones, por interesantes que les puedan parecer, del blog de un servidor visualizadas sobre una fría pantalla, a que un amigo te cuente tomando un café cómo ve la vida. Y no es por el soporte por el que percibimos la información, es por cómo la interiorizamos. La diferencia es casi filosófica, pues aborda la diferencia entre percibir y sentir.

Los animales solemos estar programados para interactuar gregariamente con los individuos de nuestra misma especie. Hay estudios que demuestran que hay regiones en el cerebro animal especializadas en identificar e interpretar fisonomías y gestos de la propia especie, y esto implica de igual forma que la presencia física nos hace sentir de forma diferente ante un interlocutor por muy desconocido que sea.

Otro tema es la percepción. Podemos percibir algo igualmente a través de un Smartphone que a través de otras formas de interacción. Esa percepción puede llevarnos a sentir o no, dependiendo del caso, pero percibir y sentir son cosas distintas que pueden no tener nada que ver, y en cuya distinción radica la naturaleza diferente de algunos tuits o de palabras pronunciadas en nuestra presencia.

Evidentemente hay personas y personas, y tuiteros y tuiteros. Yo mismo puedo darles casos de mi cuenta de Twitter a los que aprecio profundamente, pero me pregunto si el hecho de no pasar nunca a desvirtualizarnos marca un límite infranqueable en la relación. Y la respuesta es que creo que sí.

Por lo pronto, háganse la idea de que, al igual que los amigos vienen y van, los tuiteros también vienen y van, pero con mucha mayor facilidad que los amigos. Quédense con el poso que les deja en su interior cada tuit, cada tuitero, cómo les permite evolucionar personalmente, lo que les ha emocionado o hecho reir, qué reflexiones les ha inducido, incluso aunque se trate del único y significativo tuit que hayan podido intercambiar con un desconocido del que tal vez ni siquiera sean followers. La tuitosfera es así, puede servir para ayudarnos a progresar personal y desinteresadamente los unos a los otros, puntualmente aquí y allá, sin mayor relación que 140 caracteres, pero que, de alguna manera, nos acerca a todos mucho más hacia la concepción de la sociedad como un ente global que interactúa, progresa, reflexiona y vive a través de los demás. Al igual que las personas, los verdaderos tuits no se leen y mueren, perduran por los cambios que han producido en nuestro ser interior.

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