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El hartazgo de Twitter o El progreso hacia la sociedad lúdica

El ser humano a veces me fascina por su capacidad de permanente huida hacia delante. No acabo de entender bien ese enfoque que a veces da a su vida de tener la ilusoria sensación de estar avanzando cuando en realidad está dando vueltas en círculo. En esta ocasión me centraré en cómo las personas suelen tratar de huir de la rutina diaria, y tratan de avanzar hacia la dedicación del tiempo propio a las actividades que les interesan y/o divierten. ¿Una aspiración a llegar a la sociedad lúdica?.

Puede que sí, que ciertas naturalezas humanas aspiren a dicha sociedad lúdica, entendida como una sociedad donde cada cual se pueda dedicar a los que le interese y/o divierta. Cada caso será más o menos productivo dependiendo de cuáles sean los intereses y divertimentos personales… y obviamente habrá casos que no sean productivos en absoluto. Nada nuevo con respecto al uso que hacemos ya actualmente de nuestro tiempo libre.

Estarán muchos de ustedes pensando en lo utópico y lo insostenible de lo que les estoy presentando. Razón no les falta, pero es que tal vez no me esté explicando bien. No me estoy tratando de centrar en una aspiración a dedicarse a la vida alegre. En absoluto, eso es insostenible. Lo que trato de hacerles ver es que el advenimiento de internet primero, y de las redes sociales más adelante, están sirviendo de vehículo para que los intereses personales sean más accesibles a los interesados, entendiendo por intereses personales efectivamente a intereses interesantes (valga la redundancia), tanto para el individuo como para la sociedad. A aquellos que estuviesen esperando a que les hablase cómo vivir de la vida contemplativa, siento decepcionarles, deberán centrar sus aspiraciones en formar parte del famoseo que infesta nuestras pantallas televisivas. Tal vez cuando seamos seres virtuales la sociedad lúdica en este sentido sea sostenible económicamente. Al fin y al cabo es mucho más fácil mantener un humano vivo con unos Gigabytes de espacio, unos Megaherzios de capacidad de computación y algo de nutrientes básicos, que mantener todo un mundo físico lleno de necesidades y productos reales que querrá adquirir por mucho que quiera dedicarse a mirar las musarañas.

Pero por otro lado, hay actividades interesantes para la sociedad y el individuo que, aunque no permiten vivir de ello a la persona que las realiza, sí que aportan, y que por su aspecto de afición se pueden caracterizar también en cierta forma de un avance hacia la sociedad lúdica. Véanlo de otra forma. Nuestros abuelos trabajaban en el campo de sol a sol, y el poco tiempo que tenían disponible lo utilizaban para descansar de su extenuación. Hoy en día nuestros trabajos no son tan exigentes físicamente, y dejan un margen diario para dedicarse a aficiones que, gracias a internet y las redes sociales, nos permiten que ese mismo tiempo sea infinitamente más productivo. Se lo dice un servidor que, a pesar del poco tiempo del que dispongo, puedo mantener vivos mis intereses y aficiones personales gracias principalmente a Twitter, a Pinterest y a este blog. No me malinterpreten, no estoy tratando de hacer apología del mundo virtual. El mundo físico sigue ahí con sus ventajas derivadas de sus vivencias e impresiones reales, pero lo que nos ocupa en este post es la contribución del mundo virtual a nuestros intereses y aficiones, que son, por otro lado, también parte de nuestro mundo real.

Pero sigamos ahondando en el título de esta entrada. Ya hemos hablado del progreso hacia la sociedad lúdica, salvando el diverso concepto de lúdico para unos y otros. Analicemos ahora la huida hacia delante de la rutina diaria. Toda novedad y avance que trasgrede nuestra forma actual de hacer las cosas, tiene una primera fase de aceptación en la cual el usuario acepta incomodidades del nuevo servicio debido a una novedad que le fascina. En los noventa todos asumíamos que se cortasen las llamadas del móvil con mucha más naturalidad que con la que hoy reaccionamos cuando nos quedamos sin cobertura de datos. El hábito y la dependencia nos vuelven exigentes. Y lo mismo ocurre con todas las rutinas diarias a las que nos obliga el satisfacer nuestros intereses. Al principio todo el mundo en Twitter toleraba leer menciones entre usuarios que tenían casi carácter de conversación privada, ahora la gente quiere llegar a los tuits que le interesan lo más rápido posible y sin perder tiempo en tuits irrelevantes. Y esto lo hace porque quiere disponer de tiempo libre que dedicar a otras y nuevas aficiones. Aficiones en las que de nuevo al principio tolerará cierta pérdida de tiempo a cambio de disfrutar de algo nuevo, pero que con las que con el tiempo también se volverá exigente, para, a su vez, volver a tener más tiempo para otros nuevos intereses.

Vemos pues como el tiempo dedicado a un interés o afición personal en internet acaba alcanzando un periodo de madurez en el que el servicio o bien se reinventa y evoluciona con las exigencias del usuario, o acaba siendo abandonado. Asúmanlo, hoy en día uno de los recursos más escasos en el mundo es el tiempo de los usuarios. Hay tantas aplicaciones interesantes, tantos servicios a los que merece la pena dedicar tiempo, tantos blogs que leer… que todo ello ha de competir por un tiempo del usuario cada vez más solicitado. Llegará un tiempo en el que, si los usuarios disponen de más tiempo libre, podrán dedicarse a más actividades de una economía articulada en torno a internet, lo cual se traducirá en un crecimiento del sector con todas las implicaciones que ello supone en facturación, empleos generados, etc. Y hasta aquí es donde quería llegar con ustedes. Piénsenlo bien, el recurso escaso es el tiempo del usuario, dedicado a lo que el usuario considera interesante o simplemente divertido, y que además cuanto más tiempo de usuario se permite, más negocio se hace. Esto es lo que planteábamos al principio del blog, ¿No es algo muy próximo la definición que hemos hecho de sociedad lúdica?. Tal vez estemos acercándonos a ella sin darnos cuenta, y no estemos dando tantas vueltas en círculo como decíamos al principio. Cosas de un progreso exponencial que no nos da apenas tiempo ni para pensar. La pregunta sobre si ésta es una tendencia sostenible a largo plazo, o si tan sólo se trata una utopía, dejo ya que se la contesten ustedes mismos.

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Qué nos aporta un simple tuit o Lo efímero de las relaciones personales en Twitter

Admiro esos tuiteros que, cuando pierden el control de su cuenta de Twitter muriendo de éxito por acabar teniendo un número muy elevado de followers, al ver que van a pasar irremediablemente a dictar en vez de dialogar, prefieren cerrar su cuenta antes que dejar de dar un trato personal a sus seguidores. Otros optan por priorizar su tiempo, interactuar lo que buenamente pueden, y dejar muchos tuits perdidos sin respuesta flotando en la tuitosfera. No hay nada mejor o peor en una u otra forma de proceder, pero simplemente querría reflexionar con ustedes sobre el tema.

Empecemos por plantearnos que, en la vida real, siempre ha habido gente para todo. Hay gente más propensa a conservar las relaciones personales con personas que ellos consideran que merecen la pena. También hay otros individuos que evalúan a la gente que les rodea, más que por su relación de amistad en sí misma, por lo que les puede beneficiar conservarla según sean sus intereses particulares. Hay otros que son asociales por naturaleza y no conservan ni lo que quieren, ni lo que les interesa. Pero no nos apartemos del tema. En este post yo quería centrarles en la diferencia entre las actitudes ante las relaciones personales en la vida real y en la vida virtual.

Creo que es interesante abordar el hecho de que es cierto que el roce hace el cariño. Las personas no damos la misma importancia a una relación con una pareja y unos hijos que vemos todos los días, con unos padres o unos hermanos que vemos todas las semanas, con un buen amigo o amiga que vemos siempre cada cierto tiempo, o con un amigo al que no vemos desde la infancia o… con un Tuitero al que la mayoría de las veces ni siquiera le ponemos cara.

Es este último matiz sobre el que quiero poner énfasis. ¿Hay diferencia entre ir leyendo por Whatsapp las actualizaciones sobre la vida de un amigo que leer los tuits de un desconocido?. Les puedo asegurar que es fácil acabar desarrollando cierto apego por gente a la que tan sólo sigues en Twitter, sobre todo cuando hay cierta proximidad personal, pero evidentemente la intensidad emocional que hay tras un tuit de un follower no es la misma que la que hay tras un whatsapp de un amigo de toda la vida, siendo el soporte el mismo Smartphone.

No es que queramos menos a nuestros followers tuiteros, sino simplemente es que les queremos de otra forma. La aproximación debe ser igual a las diferencias entre una relación personal y una profesional, o una personal y una familiar, etc. ¿Por qué pienso esto?. Es muy sencillo, espero que estén ustedes de acuerdo conmigo. Podemos definir relación social como una forma de comportarse en sociedad en base a una interacción personal. Con Twitter tenemos que, como les he explicado antes, hay una nueva forma de comportarse, y además hay también una nueva forma de interactuar. Todo esto nos lleva a tener que plantearnos si en realidad Twitter no es una nueva fuente de relaciones sociales distintas a lo que hemos conocido hasta el día de hoy, de forma que establezca un nuevo modelo de relación social.

Salvo honrosas excepciones, una diferencia relevante que he observado entre las relaciones tuiteras y las tradicionales es la perdurabilidad. Las tradicionales perduran en el tiempo con mucha mayor facilidad que las tuiteras. Es cierto que hay relaciones tuiteras que acaban derivando en personales, pero son las menos, y acaban perdurando con mayor facilidad precisamente por su cambio de naturaleza. Es el contacto personal el que nos lleva a apreciar más intensamente a alguien. No es lo mismo leer las reflexiones, por interesantes que les puedan parecer, del blog de un servidor visualizadas sobre una fría pantalla, a que un amigo te cuente tomando un café cómo ve la vida. Y no es por el soporte por el que percibimos la información, es por cómo la interiorizamos. La diferencia es casi filosófica, pues aborda la diferencia entre percibir y sentir.

Los animales solemos estar programados para interactuar gregariamente con los individuos de nuestra misma especie. Hay estudios que demuestran que hay regiones en el cerebro animal especializadas en identificar e interpretar fisonomías y gestos de la propia especie, y esto implica de igual forma que la presencia física nos hace sentir de forma diferente ante un interlocutor por muy desconocido que sea.

Otro tema es la percepción. Podemos percibir algo igualmente a través de un Smartphone que a través de otras formas de interacción. Esa percepción puede llevarnos a sentir o no, dependiendo del caso, pero percibir y sentir son cosas distintas que pueden no tener nada que ver, y en cuya distinción radica la naturaleza diferente de algunos tuits o de palabras pronunciadas en nuestra presencia.

Evidentemente hay personas y personas, y tuiteros y tuiteros. Yo mismo puedo darles casos de mi cuenta de Twitter a los que aprecio profundamente, pero me pregunto si el hecho de no pasar nunca a desvirtualizarnos marca un límite infranqueable en la relación. Y la respuesta es que creo que sí.

Por lo pronto, háganse la idea de que, al igual que los amigos vienen y van, los tuiteros también vienen y van, pero con mucha mayor facilidad que los amigos. Quédense con el poso que les deja en su interior cada tuit, cada tuitero, cómo les permite evolucionar personalmente, lo que les ha emocionado o hecho reir, qué reflexiones les ha inducido, incluso aunque se trate del único y significativo tuit que hayan podido intercambiar con un desconocido del que tal vez ni siquiera sean followers. La tuitosfera es así, puede servir para ayudarnos a progresar personal y desinteresadamente los unos a los otros, puntualmente aquí y allá, sin mayor relación que 140 caracteres, pero que, de alguna manera, nos acerca a todos mucho más hacia la concepción de la sociedad como un ente global que interactúa, progresa, reflexiona y vive a través de los demás. Al igual que las personas, los verdaderos tuits no se leen y mueren, perduran por los cambios que han producido en nuestro ser interior.

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El In-Store Surveillance y la brecha social o El marketing como nuevo sistema de castas a la occidental

¿Quién no conoce de alguien que, siendo de clase media, se ha aventurado a mirar bolsos en una tienda de lujo sabiendo perfectamente que allí no podía permitirse ni un monedero?. Seguro que conocemos varios casos a nuestro alrededor de gente que, aunque acaba diciendo que se lo va a pensar porque que no le convence el color y se va sin comprar nada, ha pasado un rato agradable siendo tratado como si fuese rico, con todas las amabilidades por parte del dependiente. No les discutiré lo pueril de esta forma de comportarse, por la que durante unos minutos hay personas que viven una ilusoria fantasía que deja al descubierto cuáles son sus ambiciones y metas en esta vida, pero también es cierto que esa posibilidad de que cualquiera se pueda pasear por las tiendas de la milla de oro de Madrid, o por el Paseo de Gracia de Barcelona, es algo que podemos considerar como fruto de un proceso democratizador.
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Sí, democratización en el trato al cliente. Algo que posiblemente rebaje la conflictividad entre clases sociales, porque cada cual no se siente tan atado al lugar que ocupa, y ve más cercana la posibilidad de progresar económicamente si es que ésa es una de sus metas en esta vida. Creo que el no vernos encasillados en una suerte de casta infranqueable, es algo que, en mayor o menor medida, nos ayuda a todos a sentirnos más iguales, o al menos a tener la esperanza de poder cambiar si es lo que deseamos.

Así, todo el que haya entrado en tiendas como Tiffany’s en la Quinta Avenida de Nueva York, sabe que te tratan como a un multimillonario, aunque entres calzado con deportivas y vayas en camiseta. No se equivoquen. Los negocios de tiendas de lujo están ahí para ganar dinero. Y para ganar dinero tienen que vender esos productos con precios tan elevados. No son una atracción turística para hacer sentir a los visitantes a la ciudad como si estuvieran en la película de “Desayuno con Diamantes”. Están ahí para vender, y cuanto más, mejor. Es por ello por lo que, obviamente, han de dedicar su tiempo y atenciones a quien les pueda comprar esas joyas y relojes de precios astronómicos. El caso es que hoy en día, al menos en Occidente, el aspecto personal no tiene por qué ser obligatoriamente indicativo del poder adquisitivo de cada uno. Por eso se esmeran tanto con casi cualquiera. Porque detrás de un cliente calzado con unas deportivas puede haber un millonario.

Pero con la llegada de internet, la extrema tecnificación de todos los aspectos de nuestra vida, y el Big Data, esto tiene serios visos de acabarse. Está claro que ya hay tecnologías que incluso los comercios físicos utilizan para controlar nuestros movimientos por sus supermercados y tiendas. Sí, lo que oyen, es lo que se denomina “In-Store Surveillance”, y se basa en que consiguen identificar su móvil si lleva la wi-fi habilitada. Empresas como Euclid ya están comercializando soluciones dirigidas a este nuevo mercado. Gracias a este tipo de soluciones a usted le controlan para ver por dónde va, qué compra, le ofrecen cupones de descuento en el acto, incluso hay tecnología para medir su expresión facial al mirar un producto y conseguir saber si se siente tentado o no a comprarlo. Con todo esto, el comercio del Brick&Mortar (el físico tradicional) trata de recortar posiciones con respecto a las tiendas virtuales en cuanto a marketing e información del cliente. Estarán de acuerdo que esto es algo que, junto con el Big Data, puede dar unos frutos que incluso vulneren nuestro derecho a la intimidad.

Pero no nos apartemos del tema. Volvamos a la democratización de la atención al cliente. Como decíamos antes, dada la necesidad o meta por parte de los negocios de saber quiénes son clientes potenciales y quiénes son sus mejores clientes, es inevitable que acaben almacenando y utilizando información de todos nosotros para vendernos más y mejor. Con ello, se pueden acabar los tiempos en los que te ponen la alfombra roja sólo por franquear la puerta de Loewe. Sabrán quienes somos cada uno, y nos dispensarán un trato acorte a nuestra intención y poder de compra en su negocio. ¿Qué se creen que hacen los CRMs de las empresas cada vez que llama usted por teléfono a una de las líneas de atención al cliente?. ¿Qué se creen que hace Amazon cuando usted va navegando inocentemente por sus páginas?. Lo guardan y lo procesan todo. Y el negocio físico no quiere quedarse atrás en esta tendencia.

Las implicaciones socioeconómicas, algunas de las cuales ya perfilaba antes, no son nada despreciables. Todos nos sentiremos más pertenecientes a la clase social de la que provenimos, puesto que en muchos sitios seremos tratados acorde a ello. Y esto puede acrecentar la brecha social en un país que cada vez está más polarizado entre los que pueden comprar y los que apenas pueden hacerlo. Los ricos van a seguir siendo tratados con trato preferente como siempre, solo que ahora los menos favorecidos serán tratados de otra forma, y los únicos que pueden ganar algo son los dependientes que dedicarán su tiempo, amabilidad y esfuerzos principalmente sólo a los que se los van a devolver en Euros. Algunos venimos hablando desde hace tiempo de la posible llegada de un orwelliano Gran Hermano estilo 1984 a nuestras sociedades (“La profecía de George Orwell o El 1984 de las Redes Sociales”), y lo que estamos analizando  en este post es que, aparte del auténtico Gran Hermano auspiciado por ciertos gobiernos, lo que tenemos adicionalmente es una inminente multitud de Pequeños Hermanos que, cada uno dentro de las posibilidades de su empresa, hacen lo mismo pero a otra escala. Sólo falta un elemento que agregue estos Pequeños Hermanos para dar a luz al Gran Hermano del marketing, que lo puede ser de muchas otras cosas por la polivalencia de la información que manejará. Este Gran Hermano del marketing podría interactuar con el Gran Hermano gubernamental resultando en consecuencias insondables, y además les diré que es algo cuya estructura constitutiva ya está perfilada. Si no me creen, fíjense en el “Re-targeting”. ¿Que qué es esto?. Muy sencillo, es una de las técnicas de marketing más efectivas conocidas hasta el momento, que arroja cifras de hasta un 60% de éxito. Se basa en ofrecer a los clientes productos por los que ya han mostrado interés previamente. ¿No han mirado ustedes una impresora en Amazon y ahora en cualquier web que visitan en Internet, aunque no tenga nada que ver, les aparecen ofertas del modelo exacto de impresora que estuvieron curioseando?. Eso es precisamente el Re-targeting. No sólo saben de usted lo que hace y lo que piensa, sino ahora también saben lo que usted desea.

Con todo ello, y si también deja de haber igualdad de oportunidades en nuestra sociedad, tendremos un sistema de castas como en La India pero con regusto occidental, que además será mucho más tecnificado, y por lo tanto, mucho más certero, amplificado e infranqueable. Acólchense su silla, porque cada vez es más probable que la ocupen durante el resto de su vida.

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Ilustración por @el_domingobot

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