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La indómita naturaleza del capitalismo popular

La indómita naturaleza del capitalismo popular. Sí, éste es el título de este post en el cual vamos a analizar un punto débil del sistema económico predominante a nivel global en nuestro planeta. En esta ocasión no les estoy advirtiendo de un peligro futuro, sino de un presente que tenemos todos los días delante de nosotros, y sobre cuya naturaleza tal vez no nos hayamos parado a pensar detenidamente.

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En el capitalismo popular, hay agentes económicos grandes y pequeños, poderosos e insignificantes, influyentes y sin influencia… pero hay un hecho relevante a destacar en estas dicotomías: la clase media con poder adquisitivo, predominante en las sociedades que han desarrollado el sistema capitalista con éxito, es el agente económico más importante de entre todos los existentes. Es lo que en otros posts ya les he venido anticipando sobre la tremenda importancia de sus decisiones individuales y de la correspondiente agregación de nuestras decisiones de compra, inversión y voto.

Es éste un post por el cual todos debemos sentirnos aludidos, pues todos adquirimos bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades y antojos, todos tenemos inversiones (no, no hace falta tener acciones para formar parte de este grupo, una mera cuenta bancaria es ya de por sí un producto de inversión), y todos tenemos derecho a voto.

Debido a la obviedad del carácter popular y agregativo del derecho a voto en las democracias, pasaremos de puntillas por este punto, ya que en él está claro que la mayoría impone su criterio (o más bien el criterio que luego resulte tener el político de turno).

Respecto a los otros dos puntos, decisiones de compra e inversión, vamos a analizarlos con mayor detenimiento, puesto que es en ellos donde radica la intencionalidad del título de este post. Para empezar, podemos unificar ambos tipos de decisiones en uno, ya que bien mirado, ambas cosas son dos caras de la misma moneda. Aunque tenemos el matiz de que cuando se invierte en una empresa (por ejemplo comprando sus acciones) se dedican recursos a la producción sin obtener un producto a cambio, y cuando se compra un producto, se adquiere un bien o servicio a cambio de ceder un margen a la empresa productora. En ambos casos hay un intercambio monetario por el cual el consumidor o inversor está dando recursos a la empresa para que ésta los dedique a sus fines corporativos. Y con la agregación de muchos pequeños consumidores o inversores, se otorgan grandes recursos a grandes corporaciones para que se extiendan a lo largo y ancho del planeta, y hagan y deshagan según sus propios intereses o convicciones.

Y he aquí el quid de la cuestión. Individualmente la clase media apenas tiene poder ni capacidad de influencia, pero en su conjunto, las dimensiones del capitalismo popular arrojan unas cifras globales tan importantes, que no hay entidad capitalista que pueda contrarrestar sus efectos sobre el sistema económico. Ningún inversor institucional ni ninguna entidad pública, ni siquiera los bancos centrales, son capaces de equilibrar los mercados cuando la mayoría toma la misma decisión de compra o de venta, creándose en el sistema capitalista embudos que dejan atrapados a miles de inversores/compradores, porque la entrada suele ser lenta y gota a gota, y la salida a menudo es agregada y producto del pánico. Recuerden la famosa frase reflejo de esta naturaleza: la bolsa sube por la escalera y baja por el ascensor. Y esto es extrapolable a muchos otros ámbitos, puesto que la bolsa no es en esencia más que agregaciones de decisiones de compra y de venta, tras las cuales subyacen las necesidades y pasiones humanas, igual que en otros escenarios de esta compleja obra en la que todos actuamos.

Dicho lo cual, es aquí donde subyace el problema, en ese embudo que a modo gráfico he citado. De ahí que, tomando de nuevo el ejemplo de la bolsa, en días de pánico bursátil, suele haber declaraciones tranquilizadoras, mensajes benevolentes… ya que incluso los bancos centrales tienen una artillería limitada para combatir el pánico generalizado, y las instituciones deben optar por convencer a la mayoría y que cambie de parecer y deje de despeñar los maltrechos índices. Para ello, tratan de estabilizar la situación utilizando los medios con más impacto sobre el origen del mal: los telediarios y las portadas de los periódicos.

Hay que decir, que estamos hablando de despeñe de índices, pánico bajista… esto es sólo porque en la mayoría de los casos el embudo es de salida, pero en los sistemas capitalistas a veces también se producen embudos de entrada, que aunque sean más lentos, son más peligrosos, puesto que los segundos originan que posteriormente ocurran los primeros que, normalmente, son más rápidos y virulentos. No hay más que recordar la burbuja.com o la burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias aún estamos pagando a día de hoy.

Pero por último, les diré que, fiel a la teoría Contrarian, no todos los agentes institucionales tratan de apaciguar los mercados en situaciones de pánico comprador o vendedor. Sólo pueden ser catalogados en éste grupo los agentes cuyos intereses emanan del bienestar de la mayoría de los individuos, es decir, los políticos e instituciones públicas (tomen esta afirmación con alfileres). Pero es cierto que también hay otros agentes institucionales que provocan estas situaciones y las alimentan para provocar bandazos de los que sacar buen provecho. No hay más que ponerse en el lugar de los grandes inversores para darse cuenta que, debido a los volúmenes que ellos manejan, cuando los precios están altos y se quieren salir del valor, hay que convencer a muchos pequeños de que tienen que comprar acciones para que ellos puedan salir a buen precio. Y lo mismo en el fondo del valle, para que los grandes puedan comprar a buen precio, tienen que convencer a muchos pequeños de que es momento de vender.

Los pequeños inversores, presas del pánico alcista o bajista, suelen hacer caso de los grandes titulares, pero ¿Y los grandes?, ¿Acaso no son presa de sentimientos volubles como los más pequeños?. Sí, sí que lo son, pero suelen ser inversores cuya capacidad económica les permite centrarse en horizontes más lejanos, independizándose de los vaivenes diarios o semanales, y sacando provecho de los ciclos de largo plazo que son, no lo duden, el beneficio más seguro.

Pero ante su indignación por esta realidad, no acudan al recurso fácil del odio hacia los grandes, lo realmente triste del tema es que estoy seguro que el 90%  del común de los mortales (y tal vez me quede corto) actuaría de igual forma si estuviese en su lugar, y muchos ni siquiera lo saben. Como ya hemos hablado en otros casos, esto también es una cuestión de naturaleza humana. ¿Acaso no venden la mayoría de ustedes un coche que les empieza a dar problemas sin mentar nada de averías?. ¿Acaso no dejarían de mencionar los defectos de su piso si necesitaran venderlo?. La mayoría trata de conseguir el mayor precio de venta y el menor de compra para sus activos y pertenencias. Son las mismas actitudes pero en diferentes situaciones, solo que a ellos la vida les da la ocasión de desarrollar fatalmente esas semillas existentes en sus patrones de comportamiento. No se confundan, no estoy justificando de ningún modo estas actitudes tan criticables, simplemente intento hacerles comprender su origen.

Y estos últimos párrafos, más centrados en los devaneos bursátiles, como les decía antes, son aplicables a cualquier intercambio de productos o servicios de una sociedad de consumo. Así que terminaré centrándome en dos cosas a modo de resumen:

1) La próxima vez que lean un titular que les provoque un profundo desasosiego, domen su animal interior y traten de centrarse en el largo plazo y no actuar presa del pánico alcista o bajista, no hay que correr detrás de los precios ni vender a cualquier precio.

2) Consideren sus decisiones individuales como parte de un todo, asuman la responsabilidad que como pequeños agentes económicos les corresponde, y actúen con equilibrio y raciocinio. Ya les he dicho muchas veces que detrás sus decisiones individuales hay mucho más de lo que ustedes piensan.

Y recuerden, de todas formas, los agentes económicos que son los gobiernos, siempre tienen un arma infalible y definitiva: legislar, que en el fondo es para lo que verdaderamente les pagamos.

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The Bank of Facebook o El riesgo sistémico real de las monedas virtuales

El tema del post que les traigo hoy aún no lo he leído en ningún sitio, pero sin duda será de su interés si saben ver a tiempo sus futuras implicaciones y consecuencias.

¿Qué hay si les digo que hay un riesgo sistémico en ciernes que afecta a la economía y que aún estamos a tiempo de evitar?. ¿Qué hay si les digo que es un riesgo virtual y global que empezará en alguna web ampliamente extendida y que se diseminará como un virus por todos nuestros países?. ¿Piensan ustedes que, si ni siquiera los líderes europeos son capaces de tomar las acciones necesarias a tiempo para evitar una crisis de dimensiones europeas, serán capaces los líderes de todo el mundo de regular de algún modo lo que les voy a exponer para evitar una crisis que se tornará sistémica para la nueva y vieja economía mundial?.

Lo más triste de estas tres preguntas es que, aunque aquí lo expongamos y avisemos con antelación, no se hará nada hasta que no tengamos el problema encima. La dimensión global y virtual del riesgo dificulta enormemente la toma de decisiones al respecto, sobre todo cuando además estarán afectadas las regulaciones nacionales de todos y cada uno de los países del planeta. Además, es por todos conocido que en este mundo de hoy en día, las regulaciones suelen ser paliativas más que preventivas, con lo que lo más probable es que en este tema no se haga nada hasta que sea demasiado tarde y haya ya un clamor popular que exija medidas sobre la cuestión.

Monedas virtuales. Sí, ése es el nuevo riesgo del que les estoy hablando. Hasta ahora apenas hemos visto algún que otro conato de moneda virtual cuya difusión no llegó a ser relevante para el conjunto del sistema económico (léase la moneda que existía en Second Life u otras), pero no duden que algún día veremos cómo la moneda virtual de alguna web con difusión adquirirá un peso relevante en el conjunto de la economía. Y el problema no es ése. El problema es la falta de regulación total al respecto.

Analicemos la situación a futuro:

1.    Tal y como ha ocurrido con algunos de esos conatos de monedas virtuales, la web de turno establecerá algún mecanismo cambiario por el cual dinero real se traduzca en su moneda virtual y viceversa. Ya tenemos el primer problema: el mecanismo de contagio al mundo real.

2.    Ese mecanismo cambiario se establecerá mediante medios de pago habituales para transacciones online, que serán efectivos desde cualquier país con usuarios de la citada web (probablemente social). Ya tenemos el segundo problema: la globalidad del problema.

3.    Dado que todo ello tendrá unas consecuencias sobre la economía desconocidas hasta la fecha, que no inevitables, no habrá ningún tipo de regulación al respecto en ningún país, quedando el común de los mortales totalmente expuesto a una crisis virtual que, según los dos puntos anteriores se tornará real y global. Y he aquí el tercer problema: la falta de regulación internacional.

Seguramente, muchas webs de peso reducido, utilicen las monedas locales para sus intercambios monetarios. El problema será con las grandes. Éstas probablemente sacarán algún tipo de moneda propia para las transacciones monetarias y de bienes entre sus usuarios, y desde el mismo momento en que se trata de una moneda “cotizada” con sus propios mecanismos cambiarios y con una economía de transacciones monetarias detrás, debería estar regulada, además de tener cyber-instituciones que velen por el interés monetario de sus usuarios. ¿Deberíamos ver cómo la Reserva Federal, el BoE, el BoJ, el BCE, etc. consensuan marcos regulatorios que rijan con normas internacionales estas transacciones? ó ¿Deberíamos ver un “Bank of Facebook” (por tomar el ejemplo más inmediato) que estableciese políticas monetarias virtuales para regular las transacciones entre sus usuarios?… Visto lo visto en la Europa del Euro, donde nuestros países, cercanos geográfica, regulatoria y económicamente, han sido incapaces de encontrar soluciones a tiempo para un problema cuasi-real desde el principio, se me antoja complicado, por no decir imposible, pensar en que todos los países del mundo, o al menos los más importantes, se pongan de acuerdo para solucionar un problema que todavía no existe. ¿Qué hay pues de la segunda opción al estilo por ejemplo de «The Bank Of Facebook»?. No tenemos por qué pensar a priori que deba ser mala, es más fácil de implementar, pero su efectividad dependerá totalmente de la capacidad y perfil de los responsables de estar cyber-instituciones y sus atribuciones virtuales. Entre ellas, obviamente para empezar, debería estar el establecimiento de tipos de interés, así como el tipo de cambio para con otras monedas tanto reales como virtuales de otras webs.

¿Y qué hay de este nuevo dinero fiduciario?. ¿De dónde provendrá su valor?. Probablemente el “Bank of Facebook” no tendrá reservas de oro para respaldar su  cyber-moneda, por lo que debemos pensar que todo su valor provendrá heredado de su mecanismo de cambio con respecto a otras monedas reales que sí que las tendrán. Ahí es precisamente donde radica la característica más grave, son estos mecanismos cambiarios los que propiciarán una extensión viral de la crisis por las economías de todo el planeta, exactamente tal y como si de un post popularizado en Facebook se tratase, representando la web en cuestión un mecanismo instantáneo de contagio económico global, como si de un vaso comunicante se tratase. ¿Pero y qué hay de la oferta monetaria, de los tipo de interés, del crédito a los usuarios?… todo eso son cuestiones abiertas muy difíciles de resolver ahora mismo, yo tampoco tengo una bola de cristal, pero les diré que son temas que deberían ser necesariamente abordados en su momento, aunque dudo que la estructura de “Bank of Facebook” y la capacidad de sus responsables correspondientes, pueda ser siquiera comparable a la de los Bancos Centrales del Brick and Mortar, cuando probablemente las decisiones que tengan que tomar tengan una importancia del mismo orden de magnitud o incluso superior, dado el carácter global de estas webs, y dada la proliferación de nuevos servicios y transacciones virtuales que se nos avecina.

¿Qué podemos hacer al respecto para evitar males mayores?. Poca cosa. Todo está en manos de nuestros políticos y reguladores, y, como decía antes, dudo mucho que hagan algo antes de que tengamos el problema encima.  Nos dirán que sólo se trata de una tormenta virtual pasajera sin consecuencias en la economía real; sustituyan la palabra virtual por financiera y… ¿Les suena?: 2007. ¿Cuáles serán las consecuencias?, más aún cuando podemos no encender el ordenador y vivir sin Facebook sin mayores problemas… No sean ingenuos. El futuro es imprevisible. No sabemos qué trasvase de la economía real a la virtual va a haber, pero sí que será irreversible e importante. Cosas que hoy nos parecen inimaginables serán, transacciones naturales a través de la vieja economía se volverán virtuales, y pasado un tiempo dejarán de tener sentido a la vieja usanza. Y es aquí donde radicará el problema. En lo desconocido del mismo, y en sus consecuencias imprevisibles. ¿Quiere esto decir que no podremos vivir sin Facebook?. Sin Facebook o sin la web que sea (sólo hemos tomado Facebook como un ejemplo más ilustrativo a día de hoy), por supuesto que no podremos vivir sin ella. ¿Acaso no hay periodistas, economistas… cuyo día a día ya es indisoluble de, por citar otro ejemplo, Twitter?.

Soy consciente de la preponderancia de la fatalidad de algunos de mis posts, pero el futuro está lleno de oportunidades y de amenazas, hay que aprovechar y soñar con las primeras, pero no hay que olvidarse de anticiparse a las segundas. Lo primero es más sencillo, saludable y agradable. Pero la segunda parte se le olvida a mucha gente. El ver sistemas tan complejos como nuestras sociedades y economías vivas y en marcha hace pensar a algunos que algo tan grande nunca puede caerse, y no lo duden, el Imperio Romano cayó así como muchos otros imperios a lo largo de la historia. El de hoy en día no va a ser una excepción, pero su duración a largo plazo dependerá de nuestra capacidad de anticipación ante futuros problemas, y como en las sociedades democráticas, el poder lo tienen los ciudadanos, ahí está su micro-papel, que se torna macro por agregación natural. Piensen en ello y mentalícense. Su consciencia del problema es parte de la solución.

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El capitalismo contiene la semilla de su propia autodestrucción

No se engañen, no sé si será en esta crisis (que ya es indudable que es sistémica), en la siguiente, o en la siguiente de la siguiente… pero está claro que el sistema capitalista en el que vivimos algún día se vendrá abajo, y puede que uno de los motivos para ello sea el que les voy a exponer en este post.

El sistema capitalista contiene dentro de sí mismo la semilla de su propia autodestrucción. Me explicaré, es un sinsentido que en las sociedades más ricas del planeta (que no tienen por qué coincidir con las más evolucionadas), todo individuo, y la sociedad en su conjunto, traten de conseguir para sí mismos los mayores ingresos posibles (o las mejores condiciones laborables posibles), a la par que reducir todo lo posible los gastos (obtener los productos y/o servicios a adquirir al mejor precio). Ésta es la esencia de todo individuo y/o empresa capitalista para maximizar el beneficio monetario, bien sea personal o corporativo. Y es precisamente en esta esencia donde yo creo que reside una de las causas que algún día derrocarán al sistema capitalista como sistema económico predominante en el planeta.

Es un sinsentido que todos intentemos conseguir buenas condiciones laborales, tanto de mera retribución económica como de vacaciones, horarios y ventajas sociales, a la par que compramos en los máximos exponentes de la deslocalización o volamos compañías de dudosa reputación. Todos somos libres de comprar donde queramos, o volar con quien queramos, pero con nuestra elección individual estamos colectivizando tendencias que dirigen los derroteros de las empresas que nos proveen de productos y/o servicios. Si este tipo de empresas con alarmantes condiciones laborales ven aumentar año tras año su base de clientes, es lógico que las empresas de la competencia suelan tender a imitar su modelo productivo y cultura empresarial para poder seguir disfrutando de su trozo del pastel. ¿Y cuál es el modelo de estas empresas?… en la gran mayoría de los casos de deslocalización el modelo está basado en producir en países con mano de obra barata y que muchos occidentales considerarían que está sobre-explotada y en condiciones infrahumanas; en el caso de compañías aéreas de dudosa reputación el modelo está basado en unas condiciones laborales que distan mucho de ser aceptables para el común de los europeos y según los estándares habituales en la industria. Éste es ni más ni menos el sinsentido al que me refería, la mayoría quiere algo contrario a lo que impone con sus decisiones de compra. Y dado que lo que compramos es lo que se impone, llegaremos a un punto en el cual lo que queremos no exista: implosión del modelo capitalista, o lo que algunos no dudan en llamar la Chinización de Occidente.

Es el predominio del egoísmo sobre el interés colectivo lo que está en la esencia misma de esta Chinización. Todas las sociedades occidentales están de acuerdo en que es un derecho acceder a un trabajo digno, pero sin embargo cuando la gente compra, muchos deciden comprar el fruto de puestos de trabajo no dignos, por interés, porque no quieren ver la realidad, porque se engañan a sí mismos, o por lo que sea. Ésta es una desventaja de las sociedades libres, donde el poder colectivo del individuo traduce en global el individualismo intrínseco, mientras que en otras sociedades como la China, la inexistente libertad individual hace que las decisiones sean colectivas e impuestas por la clase gobernante. Sin entrar en lo que es aceptable o no, ¿Están los esfuerzos de una sociedad mejor dirigidos mediante un individualismo que va de abajo a arriba, o mediante una colectivización que va desde arriba hacia abajo?. La respuesta no es simple, no es un sí o un no. Es evidente que la libertad es algo a lo que todos debemos aspirar, y ésta va indisolublemente asociada al individualismo subyacente. Asumiendo esto como axioma, entonces ¿Cuál es la solución de la ecuación para que podamos vivir en libertad y sin embargo nuestro modelo no se venga abajo?. Educación y cultura financiera para el común de los mortales. Ya que en las sociedades occidentales algunas de las decisiones más influyentes se toman a nivel individual, asegurémonos de que estas decisiones se toman de forma correcta, o al menos con toda la formación e información disponible.

Sin ninguna duda el papel de las redes sociales en este último punto está llamado a ser esencial, ya que permite compartir información y opiniones de forma viral por todo el planeta. Aunque bien es cierto que esa ventaja puede al mismo tiempo tornarse perversa para desinformaciones y opiniones erróneas que se propagan de igual manera, si hay educación y cultura financiera, es de esperar que en la blogosfera se imponga el criterio más acertado. Si no es así (la masa también se equivoca), al menos se equivoca la mayoría, y habremos puesto de nuestra parte todo lo que podemos poner para que las decisiones sean lo más acertadas posible.

Bien, según lo anterior ya tenemos la solución a nuestros problemas, pero no dejen de leer tan pronto, ésta no es la panacea. Sólo los países que tienen un grado de responsabilidad educativa elevado llevan años poniendo en práctica estas conclusiones (con o sin contar todavía con la globalización), y recogerán sus frutos a tiempo. Para el resto, el hecho de que el periodo de maduración de las decisiones en materia educativa es muy largo, se tornará en un problema mayor (se tardan años desde que un individuo empieza a estudiar hasta que tiene juicio y capacidad de compra elevada). El peligro es que en ese caso, cuando la situación ya sea insostenible, se pasará a una colectivización forzada de las decisiones de compra, ¿Adivinan qué hay detrás de estas palabras?… Proteccionismo: aranceles para las importaciones dañinas. Éste ha sido ya el caso del Mercosur, que hace unas semanas ha elevado de forma coordinada los aranceles a las importaciones, tratando de proteger las industrias nacionales. Este proteccionismo puede desencadenar una colosal guerra comercial sin precedentes en la historia moderna, y de consecuencias totalmente imprevisibles, pero no voy a profundizar en este post en la naturaleza del proteccionismo, simplemente diré que trasgrede la globalización tan predicada por Occidente en los últimos lustros, y lanzaré una pregunta al aire: a estas alturas, ¿Puede ya el capitalismo sobrevivir sin la globalización?.

El caso es que me imagino que se tomarán este tipo de decisiones proteccionistas cuando ya no haya alternativa… en vez de haberse asegurado un modelo educativo responsable desde hace años. Y aunque se hubiese hecho, ¿Qué puede más?, ¿Lo que te han enseñado desde pequeño que es compra responsable, o el interés personal de adquirir bienes o servicios a menor precio cuando ninguno de tus conocidos y amigos te ven, aún a sabiendas de que estás promocionando la sobre-explotación de otros individuos en la otra punta del planeta?. ¿Bien colectivo y comportamiento ético, o egoísmo personal?… la respuesta la dejo a su propia elección, aunque mucho me temo que el asunto puede ir más allá de la educación y rozar la verdadera naturaleza humana de algunos individuos, pero la educación también ayuda, por supuesto, y en última instancia es lo único que podemos hacer.

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En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos o Redes Sociales vs Inteligencia Artificial

“En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos”. Es la enigmática frase de Andy Warhol a la que le vengo dando vueltas desde hace unos años cuando la oí por primera vez como parte de la publicidad del Heathrow Express. Nunca he encontrado una interpretación sobre la misma  hecha por el mismo autor, así que conjetura tras conjetura, veo cómo pasa el tiempo y esta frase parece una premonición sobre el advenimiento de las redes sociales y la propagación viral de la información por las mismas.

Las redes sociales forman un mecanismo de interconexión que conecta todos nuestros cerebros, de tal manera que una idea genial de cualquier individuo, a priori insignificante en el conjunto de la sociedad, rápidamente se propaga y adquiere relevancia entre todos los demás. Son las consecuencias de un mundo hiperconectado. Ello permite aprovechar al máximo los momentos de inspiración de cada persona, siendo esta inspiración, junto con los sentimientos y la creatividad, el principal activo del ser humano frente a la inteligencia artificial. Las redes sociales han servido de catalizador para la convergencia de la tecnología con el pensamiento humano, y están llamadas a ser en las próximas décadas el principal motor de la diferenciación entre las capacidades de la mente humana y las de la mente artificial.

Este último hecho ya es de gran relevancia por sí solo, puesto que se puede afirmar que en nuestro planeta la capacidad de cálculo de las máquinas supera ya a la capacidad de cómputo del ser humano. Con ello, si queremos conservar algún valor añadido frente a las máquinas, hemos de aunar todas nuestras capacidades como personas para sacar como conjunto el máximo provecho de ellas.

Asumiendo que ordenadores podemos producir todos los que se necesiten, podemos afirmar que en el futuro el límite del progreso será la disponibilidad de mentes humanas. Es cierto que mentes humanas también podemos tener todas las que se necesiten, no hay nada más que ponerse a ello, pero el largo periodo de maduración del ser humano en las sociedades occidentales, en las que pasan hasta veintitantos años desde que se nace hasta que se es productivo, hace que casar oferta y demanda sea una labor muy compleja. Además tenemos la planificación familiar, que hace que el número de individuos de las nuevas generaciones no dependa de las necesidades de mentes humanas de la sociedad, sino de las posibilidades económicas de los padres, o simplemente de su decisión de aumentar o no la familia. Es por ello por lo que tal vez veamos en un futuro un mundo tipo “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, en el que los individuos ya no son los responsables de la procreación humana, sino que ésta se delega en el Estado, que va produciendo individuos según las necesidades de cada perfil disponible. ¿Es esto aceptable?… respóndase usted mismo, yo no estoy haciendo un juicio de valor, simplemente estoy teorizando sobre qué nos puede esperar a la vuelta de la esquina.

Ahondando más en el tema de la disponibilidad de mentes humanas, ya se puede observar hoy en día que la progresiva especialización en todos los campos de la ciencia, hace que cada vez sea más difícil avanzar en cada ámbito, puesto que a nivel global hay pocos individuos capaces de aportar innovación en especialidades tan particularizadas. Con las redes sociales, esas escasas mentes super-especializadas pueden estar en comunicación cuasi-permanente, permitiendo maximizar al menos las posibilidades de un recurso escaso: la mente humana.

Pero volviendo al tema de la frase de Warhol. Todos seremos en el futuro famosos durante al menos 15 minutos, y ese futuro está aquí, para salvarnos y diferenciarnos de las máquinas que tanto suman, restan, multiplican y dividen, y que desde hace unos pocos años hasta ya hay sistemas expertos que toman decisiones complejas, pero que por ahora no son capaces de ser creativas, tener inspiración o experimentar sentimientos. Un ejemplo de 15 minutos de fama lo hemos podido ver a raíz de Twitter y el ahora famoso bloguero Pablo Herreros. Esta persona inició una campaña contra el programa La Noria desde su cuenta de Twitter, porque dicho programa invitó a su plató a la madre de uno de los acusados en el asesinato de Marta del Castillo. Este bloguero y su campaña consiguieron que grandes anunciantes retirasen su publicidad del programa, dejando claro que las acciones de cualquier persona conectada pueden tener más fácilmente un impacto importante en nuestras sociedades. Esto, aplicado a la creatividad, a la inspiración o a los sentimientos, permite magnificar las cualidades diferenciales del ser humano, haciéndolas accesibles a la sociedad en su conjunto, y permitiendo poder considerar a la raza humana como un “ente pensante” global, en el cual además está el valor añadido de la individualidad subyacente propia de sociedades democráticas.

Como conclusión de este post, si aún no la tienen, ábranse una cuenta en Twitter o Facebook y aprovechen sus 15 minutos de gloria cuando les vengan. ¡Ah!, y acuérdense de Andy Warhol cuando lo hagan, de alguna manera, en los años 80, él ya se olía que algo similar ocurriría algún día.

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Nota del autor: si le ha gustado este post, he escrito posteriormente una segunda parte que creo que encontrará igualmente interesante: «Ni Asimov llegó nunca a imaginar algo así o Cloud Robotics como la última tendencia en Cloud Computing»