La indómita naturaleza del capitalismo popular

La indómita naturaleza del capitalismo popular. Sí, éste es el título de este post en el cual vamos a analizar un punto débil del sistema económico predominante a nivel global en nuestro planeta. En esta ocasión no les estoy advirtiendo de un peligro futuro, sino de un presente que tenemos todos los días delante de nosotros, y sobre cuya naturaleza tal vez no nos hayamos parado a pensar detenidamente.

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En el capitalismo popular, hay agentes económicos grandes y pequeños, poderosos e insignificantes, influyentes y sin influencia… pero hay un hecho relevante a destacar en estas dicotomías: la clase media con poder adquisitivo, predominante en las sociedades que han desarrollado el sistema capitalista con éxito, es el agente económico más importante de entre todos los existentes. Es lo que en otros posts ya les he venido anticipando sobre la tremenda importancia de sus decisiones individuales y de la correspondiente agregación de nuestras decisiones de compra, inversión y voto.

Es éste un post por el cual todos debemos sentirnos aludidos, pues todos adquirimos bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades y antojos, todos tenemos inversiones (no, no hace falta tener acciones para formar parte de este grupo, una mera cuenta bancaria es ya de por sí un producto de inversión), y todos tenemos derecho a voto.

Debido a la obviedad del carácter popular y agregativo del derecho a voto en las democracias, pasaremos de puntillas por este punto, ya que en él está claro que la mayoría impone su criterio (o más bien el criterio que luego resulte tener el político de turno).

Respecto a los otros dos puntos, decisiones de compra e inversión, vamos a analizarlos con mayor detenimiento, puesto que es en ellos donde radica la intencionalidad del título de este post. Para empezar, podemos unificar ambos tipos de decisiones en uno, ya que bien mirado, ambas cosas son dos caras de la misma moneda. Aunque tenemos el matiz de que cuando se invierte en una empresa (por ejemplo comprando sus acciones) se dedican recursos a la producción sin obtener un producto a cambio, y cuando se compra un producto, se adquiere un bien o servicio a cambio de ceder un margen a la empresa productora. En ambos casos hay un intercambio monetario por el cual el consumidor o inversor está dando recursos a la empresa para que ésta los dedique a sus fines corporativos. Y con la agregación de muchos pequeños consumidores o inversores, se otorgan grandes recursos a grandes corporaciones para que se extiendan a lo largo y ancho del planeta, y hagan y deshagan según sus propios intereses o convicciones.

Y he aquí el quid de la cuestión. Individualmente la clase media apenas tiene poder ni capacidad de influencia, pero en su conjunto, las dimensiones del capitalismo popular arrojan unas cifras globales tan importantes, que no hay entidad capitalista que pueda contrarrestar sus efectos sobre el sistema económico. Ningún inversor institucional ni ninguna entidad pública, ni siquiera los bancos centrales, son capaces de equilibrar los mercados cuando la mayoría toma la misma decisión de compra o de venta, creándose en el sistema capitalista embudos que dejan atrapados a miles de inversores/compradores, porque la entrada suele ser lenta y gota a gota, y la salida a menudo es agregada y producto del pánico. Recuerden la famosa frase reflejo de esta naturaleza: la bolsa sube por la escalera y baja por el ascensor. Y esto es extrapolable a muchos otros ámbitos, puesto que la bolsa no es en esencia más que agregaciones de decisiones de compra y de venta, tras las cuales subyacen las necesidades y pasiones humanas, igual que en otros escenarios de esta compleja obra en la que todos actuamos.

Dicho lo cual, es aquí donde subyace el problema, en ese embudo que a modo gráfico he citado. De ahí que, tomando de nuevo el ejemplo de la bolsa, en días de pánico bursátil, suele haber declaraciones tranquilizadoras, mensajes benevolentes… ya que incluso los bancos centrales tienen una artillería limitada para combatir el pánico generalizado, y las instituciones deben optar por convencer a la mayoría y que cambie de parecer y deje de despeñar los maltrechos índices. Para ello, tratan de estabilizar la situación utilizando los medios con más impacto sobre el origen del mal: los telediarios y las portadas de los periódicos.

Hay que decir, que estamos hablando de despeñe de índices, pánico bajista… esto es sólo porque en la mayoría de los casos el embudo es de salida, pero en los sistemas capitalistas a veces también se producen embudos de entrada, que aunque sean más lentos, son más peligrosos, puesto que los segundos originan que posteriormente ocurran los primeros que, normalmente, son más rápidos y virulentos. No hay más que recordar la burbuja.com o la burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias aún estamos pagando a día de hoy.

Pero por último, les diré que, fiel a la teoría Contrarian, no todos los agentes institucionales tratan de apaciguar los mercados en situaciones de pánico comprador o vendedor. Sólo pueden ser catalogados en éste grupo los agentes cuyos intereses emanan del bienestar de la mayoría de los individuos, es decir, los políticos e instituciones públicas (tomen esta afirmación con alfileres). Pero es cierto que también hay otros agentes institucionales que provocan estas situaciones y las alimentan para provocar bandazos de los que sacar buen provecho. No hay más que ponerse en el lugar de los grandes inversores para darse cuenta que, debido a los volúmenes que ellos manejan, cuando los precios están altos y se quieren salir del valor, hay que convencer a muchos pequeños de que tienen que comprar acciones para que ellos puedan salir a buen precio. Y lo mismo en el fondo del valle, para que los grandes puedan comprar a buen precio, tienen que convencer a muchos pequeños de que es momento de vender.

Los pequeños inversores, presas del pánico alcista o bajista, suelen hacer caso de los grandes titulares, pero ¿Y los grandes?, ¿Acaso no son presa de sentimientos volubles como los más pequeños?. Sí, sí que lo son, pero suelen ser inversores cuya capacidad económica les permite centrarse en horizontes más lejanos, independizándose de los vaivenes diarios o semanales, y sacando provecho de los ciclos de largo plazo que son, no lo duden, el beneficio más seguro.

Pero ante su indignación por esta realidad, no acudan al recurso fácil del odio hacia los grandes, lo realmente triste del tema es que estoy seguro que el 90%  del común de los mortales (y tal vez me quede corto) actuaría de igual forma si estuviese en su lugar, y muchos ni siquiera lo saben. Como ya hemos hablado en otros casos, esto también es una cuestión de naturaleza humana. ¿Acaso no venden la mayoría de ustedes un coche que les empieza a dar problemas sin mentar nada de averías?. ¿Acaso no dejarían de mencionar los defectos de su piso si necesitaran venderlo?. La mayoría trata de conseguir el mayor precio de venta y el menor de compra para sus activos y pertenencias. Son las mismas actitudes pero en diferentes situaciones, solo que a ellos la vida les da la ocasión de desarrollar fatalmente esas semillas existentes en sus patrones de comportamiento. No se confundan, no estoy justificando de ningún modo estas actitudes tan criticables, simplemente intento hacerles comprender su origen.

Y estos últimos párrafos, más centrados en los devaneos bursátiles, como les decía antes, son aplicables a cualquier intercambio de productos o servicios de una sociedad de consumo. Así que terminaré centrándome en dos cosas a modo de resumen:

1) La próxima vez que lean un titular que les provoque un profundo desasosiego, domen su animal interior y traten de centrarse en el largo plazo y no actuar presa del pánico alcista o bajista, no hay que correr detrás de los precios ni vender a cualquier precio.

2) Consideren sus decisiones individuales como parte de un todo, asuman la responsabilidad que como pequeños agentes económicos les corresponde, y actúen con equilibrio y raciocinio. Ya les he dicho muchas veces que detrás sus decisiones individuales hay mucho más de lo que ustedes piensan.

Y recuerden, de todas formas, los agentes económicos que son los gobiernos, siempre tienen un arma infalible y definitiva: legislar, que en el fondo es para lo que verdaderamente les pagamos.

Sígueme en Twitter: @DerBlaueMond

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Acerca de derblauemond

En la vorágine de la vida diaria que nos ha tocado vivir en esta sociedad del siglo XXI, apenas tenemos tiempo para pararnos a pensar, tiempo para la reflexión, tiempo para averiguar de dónde venimos y a dónde vamos. Acabamos haciendo las cosas de forma rutinaria, mecánica, como auténticos autómatas. Es por ello por lo que he creado este blog con la sana intención de, cada cierto tiempo, reservarme unos minutos de mi vida para darle vueltas a los temas que me interesan y colgarlos después en un post para compartirlos con todos vosotros. Podéis seguirme también en mi cuenta de Twitter @DerBlaueMond

Publicado el 24 mayo, 2012 en Capitalismo, Economía, Mercados y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Luis BitsCents

    Grandísimo Post!
    En esas clases financieras que algunos reclamamos para nuestros hijos -en lugar de tanta tontería- debía ser una lección 😉
    Para la 2, y a modo de apunte:
    1. Lo que decía creo que Buffett, para entender el comportamiento en bolsa había que entender el comportamiento de las bandadas de palomas 😉
    2. “Exhubetancia irracional” y ” Animal Spirits”

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    • Muchas gracias por tu comentario, es este tipo de cosas lo que me anima a seguir publicando, que, con el poco tiempo que tengo, mis buenos esfuerzos me cuesta.

      Y respecto a la formación financiera en los institutos, es un tema que también yo reivindico desde hace tiempo: es esencial. Tengo pensado dedicarle un post en el futuro.

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  2. Muy esclarecedor, y un tanto terrorífico por el papel que juegan los medios de comunicación en todo este tinglado. Ellos, según convenga, son los primeros en apuntarse al catastrofismo que estos días llena las portadas y los telediarios.

    En verdad las clases medias estamos siendo rehenes del cortoplacismo. Las estrategias a largo plazo, como bien dices, para quien se las pueda permitir.

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