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La lacra económica del despilfarro de los ciudadanos o Cómo consumir de más contribuye al estancamiento durante lustros

No es mi intención abordar en este post el archiconocido despilfarro de las administraciones públicas en nuestro país. Sin restar un ápice de importancia a ese tema, el que quiero tratar con ustedes en esta ocasión se centra en el despilfarro de los ciudadanos. Algo que, como veremos, tiene serias consecuencias socioeconómicas a largo plazo para el conjunto de la sociedad, de la economía y del planeta.
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Empezaré exponiéndoles lo que nos ocurrió en una ocasión a mi mujer y a mí en el barrio. Teníamos desde hacía algunos años un pequeño macetero de hierbas artificiales en casa. Ya nos habíamos cansado de él, y aunque no nos costó mucho dinero, era bonito y estaba en perfecto estado, por lo que nos daba pena tirarlo a la basura. Se nos ocurrió bajarlo y dejarlo al lado de los contenedores de reciclaje del barrio, a ver si a alguien le interesaba y lo cogía. Bajamos y lo dejamos, y conforme lo estábamos dejando pasó una mujer de mediana edad y nos preguntó que si no lo queríamos y si lo podía coger. La mujer tenía acento alemán, lo cual no nos extrañó en absoluto; es más, nos pareció que confirmaba la idea que nos hemos formado a lo largo de los años de la sociedad centroeuropea, y más concretamente de la alemana.

¿Por qué les digo esto último?. Se lo explico, y de paso entramos a abordar ya el tema central del post. Es habitual en Centroeuropa, y con más incidencia en Alemania, tener una cultura del reciclaje mucho más arraigada que en la Europa del Sur. Muchas veces los círculos de amigos o de vecinos hacen un mercadillo en el que venden a bajo precio, intercambian, o incuso regalan, enseres y objetos que ya no necesitan pero que siguen teniendo vida útil. No lo hacen por el dinero, al menos en los casos de alemanes que conozco, sino por el simple hecho de que tienen la convicción de que todas esas cosas ha costado un dinero y unos recursos naturales y humanos fabricarlas, y que tirarlas a la basura, además de ser poco ecológico por generar más residuos, es un despilfarro económico que se puede evitar, puesto que si alguien se lo queda, se evita fabricar otro nuevo.

Igualito que en España, ¿Verdad?. Como les decía, en la Europa del Sur las cosas son bastante distintas, y para peor, pues en esto los centroeuropeos nos llevan ventaja. Aquí a la gente le gusta mayormente comprar cosas nuevas, y cuantas más mejor. Mucho me temo que ello es debido a que, como analizábamos en el post “La necesidad de creerse rico o Cómo ganar capital sin tener más dinero”, en España a la gente le gusta sentirse rica, seguramente porque en realidad no lo somos (al menos mucho menos que nuestros compañeros centroeuropeos), y a los europeos del sur gusta comprar y comprar. Craso error. No sólo por lo poco sostenible para el medio ambiente de estas conductas, sino porque como les voy a explicar, estas actitudes son causa de estancamiento económico a largo plazo.

¿Por qué estancamiento económico si producir más y más incrementa el Producto Interior Bruto (PIB)?. Ése es un buen punto a analizar y que nos va a venir bien tener claro. Tengan en cuenta que un coche nuevo contribuye al crecimiento del PIB, puesto que es algo que se ha fabricado en el país y se ha vendido. No ocurre lo mismo con el mercado de vehículos usados, donde se revenden automóviles que ya fueron fabricados y vendidos en su día, momento en que sí que contribuyeron al PIB, pero que ya no lo hacen al ser vendidos de segunda mano porque ya no se ha producido nada nuevo. Y estamos hablando del caso concreto de los automóviles, pero esto es igual para cualquier producto o materia prima. Sólo contribuye al PIB lo que se produce. Dejando a un lado si el crecimiento del PIB implica mayor riqueza real para un país, tema que ya analizamos en el post “¿Hacia dónde se dirigen nuestros sistemas socioeconómicos?”, lo que quería analizar ahora con ustedes es ¿Qué ocurre en países en los que los ciudadanos han despilfarrado en productos nuevos y en el que de repente sobreviene una grave crisis como ha ocurrido en España?. Primer escenario de los años felices: la gente despilfarra y se lo compra todo nuevo, el PIB está “artificialmente” hinchado con una demanda sobredimensionada en comparación con las necesidades básicas y reales de los ciudadanos del país, y lo que es peor, el tejido productivo se dimensiona conforme a esa demanda. Segundo escenario de la crisis posterior: en una grave crisis, gran parte del consumo se retrae fuertemente, porque la gente en apuros económicos (y los que no los tiene por miedo a tenerlos) pasa bruscamente a comprar sólo lo que en realidad necesita irremediablemente, y suele recurrir a la segunda mano y al intercambio en mucha mayor medida. Lo que en países con tradición de reutilización es una crisis más modesta porque el PIB se puede contraer, pero con fundamentos más reales y ajustados, en países sin tradición de reutilización se vuelve una brusca y fuerte contracción, puesto que el PIB estaba hinchado por necesidades superfluas y prescindibles, que de repente se tornan insostenibles. Si a ello añadimos que el tejido productivo y el empleo se han adaptado a ese escenario inflado, tenemos que se entra fácilmente en una espiral destructiva y un círculo vicioso por el que un descenso de la demanda conlleva a un ajuste del empleo, que revierte en menos demanda y de nuevo en menos empleo. No les cuento nada nuevo.

Y de aquellas aguas, estos lodos. Así estamos en la situación que estamos en España. Y ahora proliferan los mercadillos de segunda mano, el intercambio de libros escolares, las compras en eBay, etc. etc. Que no digo que todo esto esté mal, en realidad es una buena opción, lo que estaba mal era el sobre-consumo anterior y, obviamente, el batacazo posterior que sufrimos todos.

Por ello, dado que la situación actual es la que es y no va a cambiar más que con el lento discurrir de los años, ya que nuestro consumo se ha despeñado ya, aprovechemos cuando volvamos a crecer para sentar las bases de un consumo con fundamento y responsable. Con ello, aunque crezcamos menos en las épocas de bonanza, en las de crisis también caeremos menos, y de paso, el medioambiente y las generaciones venideras se lo agradecerán infinitamente. Elija usted mismo el motivo de los dos que le resulta más importante, pero por favor, por usted y por los demás, no derroche, comprar cosas que no necesita no le va a hacer más feliz en realidad, sino más bien menos, sobre todo a largo plazo, y además deja una herencia poco halagüeña a sus hijos, que tendrán que lidiar con las próximas crisis. De ustedes depende.

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Ilustración por @el_domingobot

Futura revolución: La inversa de Matrix o… no tan inversa

¿Recuerdan cuando vieron aquella rompedora primera parte de la archiconocida película Matrix?. Es difícil encontrar a alguien de mi generación y anexas que no la haya visto, pues se ha convertido en la película de culto por excelencia de finales del siglo pasado, pero para no revelar la clave de la película, simplemente les diré que el argumento se basaba en enormes complejos en los cuales los seres humanos servían a las máquinas (no les cuento más). En nuestro mundo de hoy en día, todos sabemos que es a la inversa. Con el advenimiento de internet y del Cloud Computing, el mundo se está poblando de descomunales Centros de Datos donde miles de máquinas sirven de soporte para toda nuestra vida y datos virtuales.

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El impacto de estos centros de datos sobre la economía global es cada vez más relevante, tanto por sus necesidades de infraestructura física e informática, como de personal técnico, como por la forma en que cambian el día a día de nuestras vidas, como por su consumo energético (hay estimaciones que lo cifran ya en un 2% del total) y así hasta completar un largo etcétera. El caso es que, lo queramos a no, el impacto de la sociedad de la información en nuestras vidas y economías ha venido para quedarse, y está alcanzando día a día una relevancia esencial para el bienestar de la raza humana.

Es por este hecho por el que cambios que a priori puede parecer que no tengan gran importancia, en un futuro, pueden impactar de forma importante en nuestro modo de vivir. El alargamiento continuo del ciclo de vida de nuestros datos, así como el crecimiento sostenido de la esperanza de vida humana, hacen que cada vez nuestras sociedades necesiten más y más capacidad de almacenamiento, de computación y de ancho de banda. Esto no tiene por qué ser así para siempre. Podemos pensar que en un futuro aún lejano podamos sufrir lo que podemos acuñar como una “Recesión de Datos”, por ejemplo debida a un nuevo y revolucionario algoritmo de compresión que reduzca lo que ocupa nuestra información. Esto sería sin duda un avance importante, pero al igual que con la generalización del uso de maquinaria en la primera revolución industrial, tendría un impacto inicial negativo sobre la economía hasta que ésta se adapte al nuevo escenario. Nuestra economía, basada en un teórico futuro en una sociedad de información ávida de Gigabytes, Gigaherzios y Gigabits por segundo, pasaría a reducir radicalmente sus necesidades productivas al respecto, con el consiguiente impacto negativo sobre el tejido industrial y tecnológico del momento.

Hasta aquí nada nuevo con respecto a la mayoría de los avances que ha realizado el hombre a lo largo de la Historia. Lo que puede preocupar al respecto es que, el ejemplo histórico más drástico, que podemos tomar como referencia, la primera revolución industrial, fue un proceso de convergencia tecnológica más bien lento, fruto de años de progreso, que necesitaba tiempo para fabricar máquinas, sustituir procesos fabriles, etc. Pero, ¿Qué hay de la rapidez con la que se puede por ejemplo desarrollar un nuevo y revolucionario algoritmo de compresión?. Puede ser cuestión de días o semanas lo que alguien tarde en tener una idea feliz, desarrollarla, generar un algoritmo, y que éste se despliegue en los Centros de Datos de todo el mundo. Así de fácil, así de impactante. ¿Estará nuestra economía del futuro preparada para un devenir de la evolución tecnológica tan rápido?. Posiblemente no, es imposible tener un tejido productivo físico que se adapte tan rápido a cambios virtuales tan importantes. Lo virtual siempre evolucionará infinitamente más rápido que lo real. La física limitará nuestra evolución. A no ser que ocurra algo así como en Matrix, donde el límite entre lo virtual y lo físico sea muy pero que muy difuso. ¿Será ésta la clave de la sostenibilidad de nuestra futura sociedad?. Virtualización de nuestras vidas pero, no por un sometimiento a las máquinas, sino por evolución lógica (y tal vez inevitable) de nuestro sistema socioeconómico.

Otra buena razón para apostar por nuestra virtualización como única opción de futuro es que, además, nuestro actual sistema socioeconómico sólo funciona bien en entornos de crecimiento poblacional. Esto es evidente en sistemas de reparto, en los cuales las pensiones, sanidad, etc. de toda la población son pagadas por los trabajadores en activo más jóvenes, con lo que, para la sostenibilidad del sistema, forzosamente ha de haber más cotizantes jóvenes que mayores. Pero sorprendentemente, esto ha de ser también así si se está en un sistema “a la chilena”, donde un cotizante a lo largo de su vida va acumulando unos fondos que cuando se jubile le serán devueltos en forma de asignación mensual. Este esquema, que a priori puede parecer que independiza el sistema de pensiones del crecimiento de la población, no es tal, puesto que esos fondos que un cotizante va acumulando a lo largo de toda su vida, van a ser invertidos en activos, que si se quiere que tengan una rentabilidad positiva en el momento de su jubilación, han de sufrir cierta “inflación de activos” y que su precio se incremente a lo largo de la vida del cotizante, y esto sólo puede ser así o bien si el número de cotizantes aumenta año a año, o bien si los nuevos cotizantes más jóvenes tienen cada vez mayores recursos económicos. La segunda alternativa es complicada y ha probado no ser la realidad que se impone en nuestros sistemas socioeconómicos, con lo que nos queda, de nuevo, la única alternativa del crecimiento de la población.

Me gustaría matizar para los no versados que la citada “inflación de activos” es necesaria no sólo con la finalidad de que un nuevo pensionista reciba sus réditos con una rentabilidad positiva, respecto a lo cual se puede pensar que siempre los más previsores, aún a costa de perder dinero con el tiempo, preferirían un canje de rentabilidad a cambio de la seguridad de obtener una asignación al jubilarse (la “deflación de activos” no fomenta en absoluto el ahorro, pero puede haber gente dispuesta a asumir una rentabilidad negativa a cambio de asegurarse una futura asignación y tener una vejez más decente). Pero más allá de las pensiones tenemos el funcionamiento general de la economía. Los entornos deflacionarios son catastróficos para la economía. La depreciación constante de los activos repercute muy negativamente en el funcionamiento del tejido empresarial, y aunque hay sectores como el tecnológico, que son deflacionarios por naturaleza y sobreviven hoy en día, en ellos la depreciación de los activos se compensa con la continua salida al mercado de productos más innovadores, cosa que no puede ser generalizable a todos los sectores económicos.

Llegados a este punto, todos tenemos claro que somos para La Tierra una auténtica plaga que no puede parar de crecer y crecer. Este crecimiento sostenido tiene un impacto cada vez más importante sobre el medioambiente y sobre el consumo de los recursos naturales del planeta, que son, evidentemente, limitados. Esta evolución exponencial es insostenible a largo plazo. Pónganse en situación. Piénsenlo detenidamente. Nuestra virtualización sería una solución a la ecuación y una auténtica revolución.

Ahondando un poco más en el concepto de virtualización que les propongo, éste no distaría mucho del presentado en la citada película Matrix. Estaríamos todos conectados a máquinas que nos suministrarían los nutrientes necesarios y retirarían los residuos de nuestros cuerpos físicos, y además, y ésta es la parte más importante, mediante conexiones neuronales recibirían y enviarían impulsos eléctricos desde y hacia nuestras neuronas, estableciendo una interacción hombre-máquina que nos permitiría percibir lo que el sistema informático quiere que sintamos sin que sea real, sino solamente producto de los impulsos eléctrico-neuronales que el programa genera para nosotros. De la misma manera, el sistema se alimentaría de las señales bioeléctricas de nuestro cerebro para incorporar a su realidad virtual nuestros movimientos, nuestras palabras, nuestras relaciones con otros individuos virtualizados, etc. Literalmente viviríamos dentro de una simulación informática. La realidad sería un lujo, o una desgracia, reservada únicamente para los pocos seres humanos encargados del mantenimiento de la infraestructura y dispositivos que soportan el mundo virtual de todos los demás.

Pero nuestra virtualización no sólo es la solución para los dos problemas expuestos anteriormente: la limitación de lo físico a nuestro progreso frente a los avances virtuales, y la necesariamente expansiva población humana; hay otros aspectos positivos como la flexibilidad y versatilidad de una vida virtual sin limitaciones físicas. Teletransportarse sería una realidad al alcance de cualquiera, también el vivir universos virtuales paralelos en los que cada persona pueda tomar una decisión, mientras que otra persona puede vivir una vida con esa persona asumiendo que decide otra opción más a su gusto, al igual que viajar en el tiempo hacia el pasado… hacia el futuro sería también posible, pero en este caso se trataría de una proyección del futuro que no tendría por qué coincidir con la que luego se volverá realidad… pero ¿Qué importa?, estamos hablando de vidas virtuales, ¿Qué es realidad y qué es ficción?… tan sólo hay una tenue frontera que nos permite que la vida se adapte más a nuestros deseos que lo que lo hace la vida física del siglo XXI.

Y la gran ventaja, que refundaría sin duda el sistema capitalista, es que podríamos consumir y consumir productos para nuestra vida virtual que no implicarían ninguna fabricación física ni consumo de recursos naturales del planeta. No habría soporte físico para nuestras pertenencias, tan sólo diseño y poco más. Con todas las ventajas que ello conlleva.

Por otro lado, mirándolo desde un plano más humano, no duden que seríamos más felices, puesto que el acontecimiento más doloroso en la vida del ser humano, la muerte, podría ser obviado, ya que una vez virtualizado, poco costará mantener sistemas expertos que, cuando el cuerpo físico de una persona haya dejado de mantenerse vivo, puedan “emular” su comportamiento e interrelaciones con el resto de personas de su círculo social virtual. ¿Que un mundo en el que no haya muertes y cuya población no pare de crecer no es sostenible?. Recuerden que seremos seres virtuales, ocuparemos unos Gigabytes y un espacio físico para nuestro cuerpo mientras éste esté vivo (después ya ni eso). Claro que será sostenible, posiblemente mucho más que el actual, cuya explotación del planeta y sus recursos naturales tienden al agotamiento futuro del modelo.

Debido principalmente a este último punto, Stephen Hawking declaró hace algunos meses, que la única escapatoria para el ser humano será colonizar otros planetas. Si el Sr. Hawking me lo permite, y también ustedes, me tomaré la libertad de dar una alternativa a tamaña empresa, y la alternativa, a buen seguro más eficiente, barata y sostenible, es la virtualización de todos nosotros de la que hablamos.

Pero no todo son aspectos positivos. La amenaza vendría, como ya hemos comentado en otros posts, y como profetiza Matrix, por la facilidad de dominación de nuestras vidas virtuales que, en el caso de que nosotros mismos ya sólo existamos como virtualizaciones, adquiere un matiz más dramático y preocupante. No les negaré que éste tipo de cuestiones producen un vértigo insondable ante lo que puede ser nuestra única solución de futuro. Pero tal vez no nos tengamos que ver nunca en la disquisición de decidirnos por una vida virtual o no, ni tengamos que sopesar los pros y los contras. Tal vez no, porque seguramente no tendremos alternativa. ¿Virtualización o auto-extinción?, ¿Qué prefieren ustedes?. Realmente la cuestión es qué llegará antes, puesto que, aun suponiendo que se optase por la virtualización, tengo mis reservas de que nuestro mundo virtual llegue a ser una realidad (valga la contradicción) antes de que el ser humano acabe por completo con el planeta.

Asumiendo que la opción más optimista de la virtualización llegue a tiempo, una vez dado el salto a lo virtual, no habrá marcha atrás, pero, si no somos conscientes de ello, y somos felices en nuestro alter ego, ¿Qué más da?. Recuerden que es una cuestión de mera supervivencia de la raza humana. ¡Ah!, váyanse comprando unas gafas de sol al estilo Matrix y, dentro de unos años, saluden a Neo y a Trinity de mi parte.

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Muerte en el mar

Tus pies desnudos

juegan con la arena negra,

ola tras ola,

y el mar que no cesa.

Una gaviota vuela inútil

sobre un pesquero perdido,

perdido y manchado,

manchado y perdido.

Su espesa carga,

ya llena las bodegas,

queda mucho por recoger,

y el mar que no cesa.

Un pez teñido de luto

lucha por nadar en la espesura,

un pez teñido de luto

lucha por salir de la mancha,

un pez teñido de luto

lucha por respirar.

Crespones negros

en los brazos marineros,

papá papá, ¿por qué se muere el mar?

El mar no muere, se le mata.

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