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Futura revolución: La inversa de Matrix o… no tan inversa

¿Recuerdan cuando vieron aquella rompedora primera parte de la archiconocida película Matrix?. Es difícil encontrar a alguien de mi generación y anexas que no la haya visto, pues se ha convertido en la película de culto por excelencia de finales del siglo pasado, pero para no revelar la clave de la película, simplemente les diré que el argumento se basaba en enormes complejos en los cuales los seres humanos servían a las máquinas (no les cuento más). En nuestro mundo de hoy en día, todos sabemos que es a la inversa. Con el advenimiento de internet y del Cloud Computing, el mundo se está poblando de descomunales Centros de Datos donde miles de máquinas sirven de soporte para toda nuestra vida y datos virtuales.

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El impacto de estos centros de datos sobre la economía global es cada vez más relevante, tanto por sus necesidades de infraestructura física e informática, como de personal técnico, como por la forma en que cambian el día a día de nuestras vidas, como por su consumo energético (hay estimaciones que lo cifran ya en un 2% del total) y así hasta completar un largo etcétera. El caso es que, lo queramos a no, el impacto de la sociedad de la información en nuestras vidas y economías ha venido para quedarse, y está alcanzando día a día una relevancia esencial para el bienestar de la raza humana.

Es por este hecho por el que cambios que a priori puede parecer que no tengan gran importancia, en un futuro, pueden impactar de forma importante en nuestro modo de vivir. El alargamiento continuo del ciclo de vida de nuestros datos, así como el crecimiento sostenido de la esperanza de vida humana, hacen que cada vez nuestras sociedades necesiten más y más capacidad de almacenamiento, de computación y de ancho de banda. Esto no tiene por qué ser así para siempre. Podemos pensar que en un futuro aún lejano podamos sufrir lo que podemos acuñar como una “Recesión de Datos”, por ejemplo debida a un nuevo y revolucionario algoritmo de compresión que reduzca lo que ocupa nuestra información. Esto sería sin duda un avance importante, pero al igual que con la generalización del uso de maquinaria en la primera revolución industrial, tendría un impacto inicial negativo sobre la economía hasta que ésta se adapte al nuevo escenario. Nuestra economía, basada en un teórico futuro en una sociedad de información ávida de Gigabytes, Gigaherzios y Gigabits por segundo, pasaría a reducir radicalmente sus necesidades productivas al respecto, con el consiguiente impacto negativo sobre el tejido industrial y tecnológico del momento.

Hasta aquí nada nuevo con respecto a la mayoría de los avances que ha realizado el hombre a lo largo de la Historia. Lo que puede preocupar al respecto es que, el ejemplo histórico más drástico, que podemos tomar como referencia, la primera revolución industrial, fue un proceso de convergencia tecnológica más bien lento, fruto de años de progreso, que necesitaba tiempo para fabricar máquinas, sustituir procesos fabriles, etc. Pero, ¿Qué hay de la rapidez con la que se puede por ejemplo desarrollar un nuevo y revolucionario algoritmo de compresión?. Puede ser cuestión de días o semanas lo que alguien tarde en tener una idea feliz, desarrollarla, generar un algoritmo, y que éste se despliegue en los Centros de Datos de todo el mundo. Así de fácil, así de impactante. ¿Estará nuestra economía del futuro preparada para un devenir de la evolución tecnológica tan rápido?. Posiblemente no, es imposible tener un tejido productivo físico que se adapte tan rápido a cambios virtuales tan importantes. Lo virtual siempre evolucionará infinitamente más rápido que lo real. La física limitará nuestra evolución. A no ser que ocurra algo así como en Matrix, donde el límite entre lo virtual y lo físico sea muy pero que muy difuso. ¿Será ésta la clave de la sostenibilidad de nuestra futura sociedad?. Virtualización de nuestras vidas pero, no por un sometimiento a las máquinas, sino por evolución lógica (y tal vez inevitable) de nuestro sistema socioeconómico.

Otra buena razón para apostar por nuestra virtualización como única opción de futuro es que, además, nuestro actual sistema socioeconómico sólo funciona bien en entornos de crecimiento poblacional. Esto es evidente en sistemas de reparto, en los cuales las pensiones, sanidad, etc. de toda la población son pagadas por los trabajadores en activo más jóvenes, con lo que, para la sostenibilidad del sistema, forzosamente ha de haber más cotizantes jóvenes que mayores. Pero sorprendentemente, esto ha de ser también así si se está en un sistema “a la chilena”, donde un cotizante a lo largo de su vida va acumulando unos fondos que cuando se jubile le serán devueltos en forma de asignación mensual. Este esquema, que a priori puede parecer que independiza el sistema de pensiones del crecimiento de la población, no es tal, puesto que esos fondos que un cotizante va acumulando a lo largo de toda su vida, van a ser invertidos en activos, que si se quiere que tengan una rentabilidad positiva en el momento de su jubilación, han de sufrir cierta “inflación de activos” y que su precio se incremente a lo largo de la vida del cotizante, y esto sólo puede ser así o bien si el número de cotizantes aumenta año a año, o bien si los nuevos cotizantes más jóvenes tienen cada vez mayores recursos económicos. La segunda alternativa es complicada y ha probado no ser la realidad que se impone en nuestros sistemas socioeconómicos, con lo que nos queda, de nuevo, la única alternativa del crecimiento de la población.

Me gustaría matizar para los no versados que la citada “inflación de activos” es necesaria no sólo con la finalidad de que un nuevo pensionista reciba sus réditos con una rentabilidad positiva, respecto a lo cual se puede pensar que siempre los más previsores, aún a costa de perder dinero con el tiempo, preferirían un canje de rentabilidad a cambio de la seguridad de obtener una asignación al jubilarse (la “deflación de activos” no fomenta en absoluto el ahorro, pero puede haber gente dispuesta a asumir una rentabilidad negativa a cambio de asegurarse una futura asignación y tener una vejez más decente). Pero más allá de las pensiones tenemos el funcionamiento general de la economía. Los entornos deflacionarios son catastróficos para la economía. La depreciación constante de los activos repercute muy negativamente en el funcionamiento del tejido empresarial, y aunque hay sectores como el tecnológico, que son deflacionarios por naturaleza y sobreviven hoy en día, en ellos la depreciación de los activos se compensa con la continua salida al mercado de productos más innovadores, cosa que no puede ser generalizable a todos los sectores económicos.

Llegados a este punto, todos tenemos claro que somos para La Tierra una auténtica plaga que no puede parar de crecer y crecer. Este crecimiento sostenido tiene un impacto cada vez más importante sobre el medioambiente y sobre el consumo de los recursos naturales del planeta, que son, evidentemente, limitados. Esta evolución exponencial es insostenible a largo plazo. Pónganse en situación. Piénsenlo detenidamente. Nuestra virtualización sería una solución a la ecuación y una auténtica revolución.

Ahondando un poco más en el concepto de virtualización que les propongo, éste no distaría mucho del presentado en la citada película Matrix. Estaríamos todos conectados a máquinas que nos suministrarían los nutrientes necesarios y retirarían los residuos de nuestros cuerpos físicos, y además, y ésta es la parte más importante, mediante conexiones neuronales recibirían y enviarían impulsos eléctricos desde y hacia nuestras neuronas, estableciendo una interacción hombre-máquina que nos permitiría percibir lo que el sistema informático quiere que sintamos sin que sea real, sino solamente producto de los impulsos eléctrico-neuronales que el programa genera para nosotros. De la misma manera, el sistema se alimentaría de las señales bioeléctricas de nuestro cerebro para incorporar a su realidad virtual nuestros movimientos, nuestras palabras, nuestras relaciones con otros individuos virtualizados, etc. Literalmente viviríamos dentro de una simulación informática. La realidad sería un lujo, o una desgracia, reservada únicamente para los pocos seres humanos encargados del mantenimiento de la infraestructura y dispositivos que soportan el mundo virtual de todos los demás.

Pero nuestra virtualización no sólo es la solución para los dos problemas expuestos anteriormente: la limitación de lo físico a nuestro progreso frente a los avances virtuales, y la necesariamente expansiva población humana; hay otros aspectos positivos como la flexibilidad y versatilidad de una vida virtual sin limitaciones físicas. Teletransportarse sería una realidad al alcance de cualquiera, también el vivir universos virtuales paralelos en los que cada persona pueda tomar una decisión, mientras que otra persona puede vivir una vida con esa persona asumiendo que decide otra opción más a su gusto, al igual que viajar en el tiempo hacia el pasado… hacia el futuro sería también posible, pero en este caso se trataría de una proyección del futuro que no tendría por qué coincidir con la que luego se volverá realidad… pero ¿Qué importa?, estamos hablando de vidas virtuales, ¿Qué es realidad y qué es ficción?… tan sólo hay una tenue frontera que nos permite que la vida se adapte más a nuestros deseos que lo que lo hace la vida física del siglo XXI.

Y la gran ventaja, que refundaría sin duda el sistema capitalista, es que podríamos consumir y consumir productos para nuestra vida virtual que no implicarían ninguna fabricación física ni consumo de recursos naturales del planeta. No habría soporte físico para nuestras pertenencias, tan sólo diseño y poco más. Con todas las ventajas que ello conlleva.

Por otro lado, mirándolo desde un plano más humano, no duden que seríamos más felices, puesto que el acontecimiento más doloroso en la vida del ser humano, la muerte, podría ser obviado, ya que una vez virtualizado, poco costará mantener sistemas expertos que, cuando el cuerpo físico de una persona haya dejado de mantenerse vivo, puedan “emular” su comportamiento e interrelaciones con el resto de personas de su círculo social virtual. ¿Que un mundo en el que no haya muertes y cuya población no pare de crecer no es sostenible?. Recuerden que seremos seres virtuales, ocuparemos unos Gigabytes y un espacio físico para nuestro cuerpo mientras éste esté vivo (después ya ni eso). Claro que será sostenible, posiblemente mucho más que el actual, cuya explotación del planeta y sus recursos naturales tienden al agotamiento futuro del modelo.

Debido principalmente a este último punto, Stephen Hawking declaró hace algunos meses, que la única escapatoria para el ser humano será colonizar otros planetas. Si el Sr. Hawking me lo permite, y también ustedes, me tomaré la libertad de dar una alternativa a tamaña empresa, y la alternativa, a buen seguro más eficiente, barata y sostenible, es la virtualización de todos nosotros de la que hablamos.

Pero no todo son aspectos positivos. La amenaza vendría, como ya hemos comentado en otros posts, y como profetiza Matrix, por la facilidad de dominación de nuestras vidas virtuales que, en el caso de que nosotros mismos ya sólo existamos como virtualizaciones, adquiere un matiz más dramático y preocupante. No les negaré que éste tipo de cuestiones producen un vértigo insondable ante lo que puede ser nuestra única solución de futuro. Pero tal vez no nos tengamos que ver nunca en la disquisición de decidirnos por una vida virtual o no, ni tengamos que sopesar los pros y los contras. Tal vez no, porque seguramente no tendremos alternativa. ¿Virtualización o auto-extinción?, ¿Qué prefieren ustedes?. Realmente la cuestión es qué llegará antes, puesto que, aun suponiendo que se optase por la virtualización, tengo mis reservas de que nuestro mundo virtual llegue a ser una realidad (valga la contradicción) antes de que el ser humano acabe por completo con el planeta.

Asumiendo que la opción más optimista de la virtualización llegue a tiempo, una vez dado el salto a lo virtual, no habrá marcha atrás, pero, si no somos conscientes de ello, y somos felices en nuestro alter ego, ¿Qué más da?. Recuerden que es una cuestión de mera supervivencia de la raza humana. ¡Ah!, váyanse comprando unas gafas de sol al estilo Matrix y, dentro de unos años, saluden a Neo y a Trinity de mi parte.

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La Muerte de Darwin o ¿Tiende el hombre a su auto extinción?

Señoras y señores, en lo que a la raza humana se refiere, Darwin ha muerto. Tras esta impactante frase, que de buenas a primeras hace temblar los mismos cimientos de nuestra actual comprensión sobre la evolución de las especies, se halla una reflexión que hago y de la que realmente, en cierta medida, se desprende tan contundente afirmación.

¿Han pensado ustedes alguna vez en que, si por la famosa selección natural fuese, un científico tan importante como Stephen Hawking no estaría vivo?. Desde que se vive en sociedad, los patrones de los individuos que sobreviven y cuyos genes se perpetúan, han cambiado sensiblemente. Ya no prima tanto el instinto de supervivencia, ya no priman tanto las características físicas, ya no prima tanto la ley del más fuerte… prima el reconocimiento de la sociedad hacia las tareas que para ella se desempeñan. Tanto haces tanto vales. Y si no te vales por ti mismo, con ese reconocimiento social traducido en capacidad económica, puedes conseguir que otros se ocupen de ti. Esto implica directamente que, como en el caso tan llamativo de Stephen Hawking, aunque no seas capaz de sobrevivir por tus propios medios, puedas conseguir el personal o equipamiento que te permita seguir adelante y, lo que nos ocupa y es más importante, puedas formar una familia con la que tus genes se perpetúen.

¿Qué implicaciones tiene esto?. Algunos dirán que genéticamente la raza humana puede estar debilitándose puesto que genes débiles son transmitidos a generaciones futuras… bueno, esto, sin ser falso desde un punto de vista meramente físico, es matizable. La sociedad (ojalá fuese siempre) reconoce en términos económicos lo que le aportas para satisfacer sus necesidades; por lo tanto se perpetúan los genes que en ese momento desarrollan capacidades necesarias para su evolución. Sé que esto de “evolución” es muy relativo, hay individuos en nuestro entorno sobre los cuales me pregunto realmente en función de qué obtienen tantos recursos económicos de nuestra sociedad… pero estamos “idealizando” un poco, faranduleos y mundos rosas aparte, quedémonos con el ejemplo más constructivo de Stephen Hawking.

Pero la cosa no queda ahí. La influencia que el ser humano tiene sobre su entorno, permite que esta muerte de la selección natural se extienda a otras especies. Es conocido por todos los biólogos la amenaza para la diversidad de las especies que supone la agricultura y la ganadería. Estamos hablando de extinciones de especies naturales sólo porque aportan menos beneficios económicos a explotaciones ganaderas o agrícolas. Todos los años se extinguen multitud de especies ya no salvajes, sino también ganaderas o agrícolas, porque con la globalización poco a poco se va imponiendo en todos los países la misma raza de vaca (la que produce más leche), la misma especie de trigo (la que da más grano y resiste mejor las plagas) etc. Por no citar ya el impacto directo sobre especies que conviven en su día a día con el ser humano, como son los animales de compañía. Además de la debilidad que implica la poca diversidad de genes en los animales de pura raza y con pedigree, que se traduce en alergias, vulnerabilidad ante enfermedades, etc. podemos incluso hablar de razas que sin el ser humano se extinguirían, un ejemplo de ello es la raza canina Bulldog. Esta raza, a base de cruzar y cruzar entre sí individuos con genes muy similares para acentuar las características insignia de la raza (pecho ancho, cabeza grande, caderas estrechas), se ha llegado a un punto en el que la mayoría de las crías de Bulldog, ya en el vientre de su madre, tienen un cráneo demasiado ancho para que pase de forma natural por las caderas de la hembra al dar a luz. Es un hecho que, por ello, la mayoría de los cachorros Bulldog nacen por cesárea, lo cual quiere decir que, si no fuese por la intervención humana, no podrían sobrevivir por si solos.

Tras esta argumentación, supongo que ustedes estarán de acuerdo conmigo en que Darwin ha muerto, y si no ha muerto poco le queda. Vamos ahora a pensar un poco sobre las consecuencias.

Las repercusiones del impacto de la actividad humana sobre la diversidad genética del planeta son aplastantes, y nunca lograremos saber hasta qué punto esto es bueno o malo, porque cada vez que una variación genética se pierde, y se homogeniza debido a la pervivencia de un gen concreto, una especie seguro que pierde una opción de supervivencia ante el futuro. Sí, eso es, quiero decir que la Naturaleza es muy sabia, y sabe que el futuro es impredecible, no sabemos qué nos espera a la vuelta de la esquina, por ello que una especie tenga diversidad genética implica directamente que tiene más posibilidades de supervivencia según el planeta evolucione en uno u otro sentido: de ello depende su capacidad de adaptación a nuevas condiciones de vida. Además de este punto, muy importante ya de por sí, tenemos que, cambios de condiciones de vida aparte, e incluso mirándolo desde un punto de vista egoístamente humano, es esencial en el desarrollo humano la diversidad genética en el planeta. La mayoría de las veces el hombre no inventa nada nuevo, se limita a imitar lo que ve en la naturaleza; gran parte de los fármacos se basan en principios activos descubiertos en el medio natural, por no hablar de multitud de inventos como el velcro, basados en la observación de las especies del planeta… y todo esto tiende a desaparecer.

A modo de resumen diré que, según lo hasta ahora expuesto, queda claro que la actividad humana es ya un factor determinante en la genética de cada especie, incluidos nosotros mismos.

Sobre si esta actividad conduce hacia una mayor diversidad genética, por lo que a los humanos respecta, hay fuerzas encontradas. Por un lado está el hecho de que gracias al cambio en los patrones de los individuos que sobreviven que apuntábamos antes, hay una diversidad genética adicional, que si bien aporta individuos que no sobrevivirían por medios naturales, si es cierto que son genes que se extinguirían y que no sabemos a ciencia cierta para que pueden servir en la supervivencia de nuestra especie según sean las circunstancias futuras. Por otro lado, está el hecho de que la globalización humana implica la mezcla de distintas razas, donde se perpetúan los genes dominantes, perdiéndose la diversidad genética de los genes recesivos.

En cuanto a las especies animales y vegetales, de nuevo tenemos fuerzas encontradas. Hay especies y genes que sobreviven sólo gracias a nuestra intervención, y hay extinciones de especies tanto salvajes como domésticas y ganaderas o agrícolas dependientes de nuestra actividad.

Visto lo anterior, podemos decir que, lo más probable es que tanto para los seres humanos como para las demás especies, prima la homogeneización genética de las razas, adaptando la evolución genética a las necesidades de la actividad humana: es una subyugación de la Naturaleza a nuestro poder de influencia sobre ella.

Y tras estas reflexiones nos acercamos al quid de la cuestión. Para la misma supervivencia de la especie humana, sólo hay dos alternativas. O bien el ser humano deja de impactar por la mayor, tanto directamente como indirectamente, sobre la diversidad genética del planeta, cosa que empiezo a pensar que es imposible, o bien su desarrollo tecnológico le permite superar su tradicional dependencia de la naturaleza para seguir evolucionando como especie y como sociedad. ¿Nos ayudarán los ordenadores, la globalización e Internet a conseguir una evolución tecnológica que nos permita suplir la labor genética que la Naturaleza ha desempeñado durante milenios?.  Difícilmente, pues nos lleva mucho tiempo y experiencia de ventaja, y el gran problema ya no es si algún día lo llegaríamos a conseguir, sino que el impacto de la actividad humana sobre el planeta en la actualidad es ya tan importante que es ahora cuando nos tenemos que hacer esta pregunta. ¿Estamos actualmente en disposición de prescindir de la Naturaleza para nuestra evolución?. Esta pregunta apunta a una segunda cuestión de mayor calado: ¿Tiende el ser humano hacia su propia auto extinción?. Cada cual que se responda él mismo a la pregunta, y por supuesto, no toco el tema del respeto a otras especies animales y vegetales, que dejamos para otro post, aquí me limito a reflexionar desde un punto de vista meramente egoísta de la supervivencia de la especie humana.

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