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La dicotomía entre los buenos y los malos o Lo educativo de las series infantiles

El otro día estaba viendo unos capítulos de dibujos animados con mi hija, y empecé a pensar en que, en los cuentos y las series infantiles, es casi norma que haya siempre unos buenos buenísimos y unos malos malísimos. Esta trivial concepción del mundo que inculcamos desde pequeñitos a nuestros hijos, puede tener más consecuencias de las que podemos pensar a priori.
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No les voy a negar que en esta vida hay personas que pueden ser calificadas de netamente malas, pero afortunadamente son los menos, y además, la maldad, igual que otros aspectos de la personalidad humana, suele limitarse a ciertos aspectos del comportamiento de estas personas. También he de reconocerles que hay comportamientos tan deleznables, que da igual lo buenos que puedan ser algunos en otras facetas de su vida.

Pero, ¿Es bueno para nuestros hijos que les enseñemos que en su mundo siempre tiene que haber un bueno y un malo?. Yo creo que no es algo apropiado para su edad, tiempo tendrán de aprender en la vida sobre ciertos individuos. Me parece suficiente con que por ahora les vayamos introduciendo tan sólo de vez en cuando a la cruda realidad que les rodea, dosificando en la medida de lo posible una verdad que no les permitiría vivir su infancia en plenitud, sin necesidad de que estén rodeados por todas partes de esta dicotomía entre el bien y el mal. Inculcarles esta forma de pensar desde edades tan tempranas no hace sino crearles la necesidad de identificar buenos y malos en cada plano de sus vidas, con el consiguiente margen de error de tamaño comportamiento. Y lo peor es que cuando se hacen adultos, siguen con los mismos patrones mentales, por lo que tratan de identificar permanentemente buenos y malos.

¿Conocen al genio de la animación Hayao Miyazaki?. Obras suyas son el magistral “Viaje de Chihiro”, o “El castillo ambulante”. Dejando a un lado la gran calidad y fantasía de sus creaciones, el aspecto que más nos interesa ahora de sus películas es que creo que son muy indicadas para niños en el aspecto concreto que estamos tratando en este post, puesto que en ellas no suele haber un bueno y un malo claramente definidos como tales.

Estarán de acuerdo en el error de educar en la dicotomía entre buenos y malos. Como les decía, afortunadamente suele ser una aproximación errada, puesto que habitualmente tenemos a nuestro alrededor personas que muestran una delicada gama de grises, o que incluso siendo malos en unos aspectos, son buenos en otros. Eso por no abordar lo subjetivo en la concepción del bien y del mal. Lo que es bueno para unos, es malo para otros, y viceversa.

Los dirigentes son muchas veces conscientes de esta habitual forma de la gente de concebir el mundo que nos rodea, es por ello por lo que me vienen a la memoria los titulares de la prensa con las declaraciones de los presidentes de USA e Irak durante la Guerra del Golfo: ambos identificaban al adversario como el mal, se erigían en nombre del bien, iban a luchar contra Satán, etc. Recurren a la polarización mental de los ciudadanos para identificar al adversario con ese malo que la mayoría de las personas trata de encontrar. Y no estoy de ninguna manera justificando una posición u otra en esta guerra en concreto, ni estoy diciendo que una u otra parte efectivamente representase más al bien y otra más al mal, simplemente estoy haciéndoles notar cómo la infantil dicotomía del bien y del mal nos acompaña a la mayoría el resto de nuestra vida, y aunque en algunos casos puede ser una aproximación acertada, en muchos otros no lo es.

Pero pasemos a un plano más personal, puesto que supongo que esta polarización de la que les hablo es también la explicación por la que es habitual ver cómo íntimas relaciones de amistad, o incluso familiares, de repente llegan abruptamente a su fin, y personas que antes se querían con locura pasan a no querer ni verse. ¿Es esto normal?. A mí no me lo parece, por muy graves que puedan ser las diferencias, éstas no tienen por qué conducir frecuentemente a cortar todo nexo de unión con una persona que antes significaba tanto para nosotros. Del amor al odio hay un paso, en la práctica es cierto, pero se trata de un paso normalmente incomprensible, el cual muchas personas dan porque recurren al fácil recurso de demonizar a la persona objeto de su nueva enemistad. Estas personas, más que dejarse llevar por el pueril reflejo de ver en el otro al más malo entre los malos, deberían reflexionar sobre por qué ellos lo van siempre buscando. A veces, incluso en el plano personal, la dicotomía es una herramienta para auto-convencerse de un objetivo que a priori se desea alcanzar. Son precisamente esos objetivos los que hay que saber elegir bien en la vida, porque cuando deseas creer algo, normalmente encuentras el atajo mental para llegar a pensarlo.

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